La prediabetes ocurre cuando los niveles de azúcar en la sangre son más altos de lo habitual, pero todavía no alcanzan el rango de diabetes tipo 2. Muchas personas no saben que la tienen porque, en la mayoría de los casos, no provoca señales evidentes.
Detectarla en etapas tempranas puede marcar diferencia. La prediabetes funciona como una alerta que permite hacer cambios antes de que la enfermedad avance.
¿Por qué suele pasar desapercibida?
La prediabetes suele desarrollarse poco a poco. Algunas personas continúan con su rutina diaria sin notar cambios importantes en su cuerpo, por lo que es común que se descubra durante chequeos médicos o análisis realizados por otras razones.
Factores como antecedentes familiares de diabetes, presión arterial alta, colesterol elevado o poca actividad física pueden aumentar el riesgo de presentarla.
Los estudios ayudan a detectarla
El diagnóstico se realiza mediante análisis de sangre que permiten conocer cómo está respondiendo el cuerpo a la glucosa. Algunas pruebas se hacen en ayuno y otras muestran el promedio de azúcar en la sangre de los últimos meses.
Estos estudios ayudan a detectar alteraciones antes de que aparezca diabetes tipo 2 y permiten iniciar seguimiento médico y ajustes en los hábitos diarios.
Conocer los resultados brinda más oportunidades para actuar de manera gradual y sostenible.
La detección temprana abre oportunidades
Mantenerse activo, mejorar algunos hábitos de alimentación, dormir adecuadamente y acudir a revisiones médicas periódicas ayuda a reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2.
No se trata de transformar toda la rutina de un día para otro. Los cambios pequeños y constantes suelen ser más fáciles de mantener y suelen generar beneficios importantes con el tiempo.
Recibir un diagnóstico de prediabetes genera preocupación, pero también puede convertirse en una oportunidad para entender mejor la salud y comenzar a cuidar distintos hábitos antes de que la enfermedad avance.