Las primeras señales del autismo suelen aparecer durante los primeros años de vida. En algunos niños son visibles desde etapas tempranas; en otros, las diferencias se hacen más evidentes conforme aumentan las exigencias de comunicación, interacción social y adaptación a nuevas situaciones.
Reconocer estas señales no significa diagnosticar autismo. El desarrollo infantil varía entre niños y una característica aislada no basta para identificar una condición. Lo importante es observar el conjunto de habilidades y comportamientos y comentar cualquier preocupación con un profesional de salud.
La comunicación ofrece algunas pistas
Durante los primeros años pueden observarse diferencias en la manera en que un niño se comunica o responde a las personas que lo rodean. Algunas señales que conviene comentar con el pediatra incluyen:
- Responder poco o de manera inconsistente cuando se le llama por su nombre.
- Mostrar poco interés en compartir objetos, juegos o experiencias.
- Utilizar pocos gestos para comunicarse.
- Presentar diferencias en la forma de establecer contacto visual.
- Tener dificultades para iniciar o mantener intercambios con otras personas.
- Repetir determinadas palabras o frases.
Estas características no necesariamente aparecen juntas ni tienen la misma intensidad.
El juego también aporta información
El juego es una parte importante del desarrollo infantil y permite observar cómo un niño explora objetos, comparte experiencias e interactúa con otras personas.
Algunas señales que merecen atención son la dificultad persistente para participar en juegos compartidos, poco interés por mostrar objetos a otras personas o una preferencia marcada por determinadas formas repetitivas de jugar.
También pueden aparecer intereses muy específicos o una atención intensa hacia partes de objetos, movimientos o determinados temas.
Los cambios pueden generar malestar
Algunos niños con autismo muestran una fuerte preferencia por las rutinas. Los cambios inesperados, las transiciones entre actividades o pequeñas modificaciones en situaciones conocidas pueden generar una reacción intensa.
También pueden existir respuestas particulares ante estímulos sensoriales, como sonidos, luces, texturas, ropa, alimentos o contacto físico.
Estas reacciones deben observarse dentro del contexto del desarrollo general del niño.
La pérdida de habilidades importa
Una señal que requiere especial atención es la pérdida de habilidades que el niño ya había adquirido. Por ejemplo, dejar de utilizar palabras, gestos o determinadas formas de interacción que antes estaban presentes.
Cuando una familia nota una regresión en el desarrollo, no conviene esperar para comentarla con el profesional de salud. Una valoración permite determinar qué está ocurriendo y si es necesario realizar estudios adicionales.
Detectar temprano permite actuar
Las evaluaciones del desarrollo forman parte del seguimiento infantil. Cuando existen preocupaciones, una valoración oportuna permite identificar las fortalezas y necesidades del niño y determinar si requiere apoyos especializados.
No es necesario esperar a que las señales sean muy evidentes para pedir orientación.
Si notas varias diferencias en la comunicación, interacción, juego o comportamiento de un niño, anótalas con ejemplos concretos y compártelas en su próxima consulta pediátrica. Si existe una preocupación importante, solicita una valoración del desarrollo sin esperar a que desaparezca por sí sola.