¿El autismo se ve diferente en las niñas?
¿Por qué el diagnóstico en niñas puede tardar?
El autismo puede identificarse desde la infancia, pero algunas personas reciben el diagnóstico mucho después. En el caso de las niñas, existen diferentes factores que pueden hacer que determinadas características sean menos visibles y, por lo tanto, que la necesidad de una evaluación no sea detectada de inmediato.
Una de las razones que se ha estudiado es el camuflaje, también llamado masking. Se refiere a estrategias mediante las cuales una persona intenta ocultar o compensar características autistas para adaptarse a las expectativas sociales.
Cuando adaptarse requiere mucho esfuerzo
Algunas niñas pueden observar e imitar la manera en que otras personas hablan, juegan o interactúan. También pueden aprender determinadas respuestas sociales, esforzarse por mantener contacto visual o intentar comportarse de una manera que consideran socialmente esperada.
Desde fuera, esto puede hacer que parezca que la niña se desenvuelve sin dificultades. Sin embargo, esa adaptación puede requerir mucho esfuerzo y no significa necesariamente que las situaciones sociales le resulten fáciles.
También puede ocurrir que sus intereses intensos sean similares a los de otras niñas o que algunas conductas repetitivas sean menos evidentes. Esto puede dificultar que familiares, docentes o incluso profesionales relacionen determinadas características con el autismo.
El diagnóstico puede llegar después
La falta de reconocimiento temprano no significa que el autismo haya comenzado más tarde. El autismo está relacionado con el desarrollo y sus características pueden estar presentes desde los primeros años, aunque se reconozcan después.
Además, una niña puede recibir inicialmente otra explicación para algunas de sus dificultades, como ansiedad o depresión, especialmente cuando las características del autismo no son evidentes.
Por eso es importante que la evaluación considere la historia del desarrollo de la niña y no se base únicamente en cómo se comporta durante una consulta o en una situación social concreta.
Un diagnóstico no debe depender de que una niña encaje o no en un estereotipo. Reconocer diferentes formas de presentación puede facilitar que quienes necesitan apoyo sean identificadas y reciban una evaluación adecuada.
Y después del diagnóstico, la pregunta cambia: ¿cómo podemos acompañar mejor a una niña con autismo? El último contenido de esta microsección se enfocará precisamente en los apoyos y formas de acompañamiento que pueden favorecer su bienestar y autonomía.