Los medicamentos ayudan a tratar numerosas enfermedades, pero algunos pueden provocar molestias en el aparato digestivo. Náuseas, diarrea, estreñimiento, dolor abdominal o irritación del estómago se encuentran entre los efectos secundarios que pueden aparecer con determinados fármacos.
Esto no significa que debas suspender un medicamento cuando tengas una molestia. Lo importante es conocer sus posibles efectos y comunicar cualquier reacción inesperada al profesional de la salud que lo indicó.
Algunos medicamentos irritan el estómago
Los antiinflamatorios no esteroideos, como ibuprofeno, naproxeno y aspirina, pueden irritar el revestimiento del estómago. Su uso frecuente aumenta el riesgo de presentar úlceras y sangrado digestivo.
El riesgo depende de factores como la dosis, la duración del tratamiento y las características de cada persona. Por eso, estos medicamentos deben utilizarse siguiendo las indicaciones correspondientes.
Otros alteran el tránsito intestinal
Algunos medicamentos provocan estreñimiento, mientras que otros pueden ocasionar diarrea. Los antibióticos, por ejemplo, pueden modificar las bacterias que normalmente viven en el intestino y producir cambios en las evacuaciones.
Estos efectos suelen ser temporales, pero si son intensos o persisten es importante informar al profesional de la salud.
No mezcles medicamentos por tu cuenta
Tomar varios medicamentos al mismo tiempo aumenta la posibilidad de interacciones y efectos secundarios. Esto incluye productos de venta libre, suplementos y remedios que quizá no consideres medicamentos.
Antes de combinar un analgésico con otro producto para el dolor, tomar un antiácido de manera habitual o utilizar laxantes durante varios días, conviene revisar si es apropiado hacerlo.
También es importante seguir la dosis y duración indicadas. Tomar una cantidad mayor para obtener un alivio más rápido no hace que el medicamento sea más seguro o eficaz.
¿Qué hacer ante una molestia?
Si comienzas a presentar síntomas digestivos después de iniciar un medicamento, anota cuándo empezaron y qué productos estás utilizando. Esta información puede ayudar a identificar una posible relación.
No suspendas por tu cuenta un tratamiento que te haya indicado un profesional de la salud, especialmente si se utiliza para controlar una enfermedad crónica. Comunica la molestia para que pueda valorar si es necesario modificar el tratamiento.
Busca atención si presentas vómitos con sangre, heces negras, dolor abdominal intenso, desmayo, dificultad para respirar o una reacción importante después de tomar un medicamento.
Los medicamentos deben utilizarse para cuidar la salud, no para tratar de manera indefinida una molestia cuyo origen todavía se desconoce.