La adolescencia trae nuevos retos para cualquier estudiante. Aumentan las tareas, los textos son más extensos, se necesita estudiar de manera más independiente y las evaluaciones suelen depender cada vez más de la lectura y la escritura. Para un adolescente con dislexia, estas exigencias pueden hacer más visibles dificultades que antes estaban parcialmente compensadas.
A esto se suma una etapa en la que la opinión de los compañeros y la necesidad de sentirse independiente adquieren mayor importancia.
Las exigencias escolares aumentan
Un adolescente puede tener que leer varios capítulos, estudiar instrucciones escritas, tomar apuntes, redactar trabajos y completar exámenes en poco tiempo.
Aunque comprenda los contenidos, la dificultad para leer o escribir con fluidez puede hacer que necesite más tiempo para demostrar lo que sabe.
Por eso es importante distinguir entre lo que el estudiante conoce y las dificultades específicas que enfrenta al procesar textos escritos.
La autonomía se vuelve importante
Durante esta etapa, los padres comienzan a tener un papel diferente. Acompañar no significa supervisar cada tarea ni resolver los problemas por el adolescente.
Es más útil ayudarlo a desarrollar estrategias propias: organizar el tiempo, dividir trabajos extensos, utilizar herramientas tecnológicas, identificar cuándo necesita ayuda y comunicar sus necesidades a los docentes.
Aprender a pedir apoyo forma parte de la autonomía.
La presión social también cuenta
Algunos adolescentes pueden sentir vergüenza al leer en voz alta o intentar ocultar sus dificultades frente a sus compañeros. El miedo a ser juzgados puede hacer que eviten participar o pedir ayuda.
Escuchar sin minimizar lo que sienten permite conocer qué situaciones les resultan más difíciles. Frases como “no pasa nada” pueden quedarse cortas cuando el adolescente está experimentando una situación que realmente le preocupa.
Es preferible validar su experiencia y buscar soluciones concretas.
El futuro no está definido por la dislexia
Las dificultades lectoras no determinan qué carrera estudiará una persona ni qué trabajo podrá desempeñar. Con las estrategias y apoyos adecuados, los adolescentes con dislexia pueden continuar desarrollando sus habilidades y prepararse para la educación superior o la vida laboral.
Los padres pueden ayudar enfocándose en las fortalezas, intereses y objetivos del adolescente, en lugar de centrar toda la atención en aquello que le cuesta.
La adolescencia puede ser una etapa desafiante, pero también una oportunidad para que una persona con dislexia conozca mejor la forma en que aprende y desarrolle herramientas que le serán útiles durante toda su vida.