Vivir con epilepsia no significa tener que dejar de hacer todo aquello que forma parte de tu vida. El objetivo del tratamiento es controlar las crisis y ayudarte a mantener la mayor independencia posible. Las actividades que puedes realizar dependerán del tipo de crisis, qué tan controladas estén y de las características de cada persona.
Conocer tus propios patrones y tomar algunas precauciones permite manejar mejor las actividades cotidianas sin vivir con miedo constante.
El sueño y los horarios importan
Dormir bien y mantener horarios regulares puede ser especialmente importante para las personas que han identificado la falta de sueño como un desencadenante de sus crisis.
También es conveniente evitar interrupciones innecesarias del tratamiento y llevar contigo información sobre los medicamentos que utilizas.
Actividad física y epilepsia pueden convivir
La actividad física forma parte de una vida saludable y muchas personas con epilepsia pueden realizar ejercicio. Sin embargo, algunas actividades requieren precauciones adicionales, especialmente aquellas en las que una crisis podría ocasionar una lesión grave.
Antes de comenzar una actividad nueva, consulta con tu profesional de la salud si tienes dudas sobre su seguridad.
Algunas medidas generales incluyen:
- Evitar realizar actividades acuáticas sin supervisión adecuada.
- Utilizar equipo de protección cuando corresponda.
- Informar a las personas cercanas qué hacer si ocurre una crisis.
- Mantener una buena hidratación.
- Respetar los horarios de descanso.
- Llevar los medicamentos según las indicaciones recibidas.
El trabajo y los estudios también forman parte de la vida
Tener epilepsia no impide necesariamente estudiar, trabajar o desarrollar una carrera. Las necesidades de cada persona son diferentes y algunos trabajos pueden requerir medidas de seguridad específicas.
Hablar de la condición con las personas adecuadas puede facilitar que sepan cómo actuar ante una crisis y qué apoyo necesitas.
La seguridad no significa aislamiento
A veces, el miedo a tener una crisis lleva a evitar reuniones, viajes, ejercicio o actividades sociales. Esta preocupación es comprensible, especialmente después de una crisis reciente.
Prepararte para diferentes situaciones puede ayudarte a recuperar confianza. Llevar información médica, conocer tus desencadenantes y asegurarte de que las personas cercanas sepan cómo ayudarte son medidas que favorecen una mayor tranquilidad.
Si las crisis cambian, aparecen con mayor frecuencia o interfieren con tus actividades, coméntalo con un profesional de la salud. El objetivo del seguimiento es encontrar la mejor manera de controlar las crisis sin limitar innecesariamente tu vida.