El hígado tiene una gran capacidad para realizar sus funciones y recuperarse de determinadas agresiones. Sin embargo, una inflamación persistente puede ocasionar daño progresivo. En algunas personas con hepatitis crónica, este proceso puede producir fibrosis, cirrosis y, con el tiempo, aumentar el riesgo de cáncer de hígado.
Esto no significa que todas las personas con hepatitis desarrollarán estas complicaciones. El riesgo depende del tipo de hepatitis, el tiempo que lleva la infección, el grado de daño hepático y otros factores de salud.
La fibrosis aparece de manera progresiva
Cuando el hígado permanece inflamado durante mucho tiempo, puede comenzar a formarse tejido cicatricial. Esta fibrosis puede avanzar gradualmente.
Cuando el tejido cicatricial es extenso y altera la estructura y funcionamiento del hígado, se habla de cirrosis. En etapas avanzadas, el hígado tiene mayor dificultad para realizar sus funciones.
Por eso, conocer el estado del hígado permite tomar decisiones antes de que el daño sea mayor.
La cirrosis necesita seguimiento
Las personas con cirrosis requieren un seguimiento médico más estrecho porque tienen mayor riesgo de presentar complicaciones. Entre ellas se encuentran acumulación de líquido en el abdomen, sangrado digestivo, alteraciones de la función cerebral y cáncer de hígado.
No todas las personas con hepatitis tienen cirrosis. De hecho, controlar la infección y atender otros factores que dañan el hígado ayuda a reducir el riesgo de progresión.
El cáncer de hígado es una complicación importante
Las hepatitis B y C crónicas se encuentran entre las principales causas de cáncer hepático. El riesgo es mayor cuando existe daño hepático avanzado, aunque la vigilancia depende de las características de cada persona.
El seguimiento permite detectar cambios en el hígado y determinar qué estudios son necesarios.
Cuidar el hígado requiere un enfoque completo
Además del tratamiento específico de la hepatitis, es importante evitar otras situaciones que puedan dañarlo. Esto incluye revisar el consumo de alcohol y no tomar medicamentos, suplementos o productos de origen natural sin conocer si son adecuados para ti.
También es importante mantener hábitos saludables y atender otras enfermedades que puedan influir en la salud hepática.
Si tienes hepatitis, pregunta a tu profesional de la salud cómo se encuentra tu hígado y qué estudios necesitas para vigilarlo. Conocer su estado permite actuar de manera oportuna y tomar decisiones informadas sobre tu cuidado.