La presión arterial es la fuerza que ejerce la sangre contra las paredes de las arterias mientras circula por el organismo. Mantenerla dentro de los niveles adecuados ayuda a proteger el corazón, los vasos sanguíneos, el cerebro y los riñones.
La hipertensión suele avanzar sin síntomas, por lo que medir la presión es la única manera de saber si está elevada.
La sal tiene un papel importante
Una alimentación con exceso de sodio puede favorecer el aumento de la presión arterial. Reducir la cantidad de sal es una de las medidas que ayudan a mantenerla bajo control.
Puedes comenzar con cambios sencillos:
- Prefiere alimentos frescos frente a productos muy procesados.
- Revisa las etiquetas para identificar la cantidad de sodio.
- Reduce alimentos con alto contenido de sal.
- Utiliza hierbas, especias y otros condimentos para dar sabor.
- Evita agregar sal automáticamente a los alimentos.
El movimiento ayuda a controlar la presión
La actividad física regular contribuye a mantener una presión arterial saludable. Caminar, nadar, bailar, andar en bicicleta y otras actividades aeróbicas son opciones que pueden incorporarse a la rutina.
Si actualmente eres poco activo, comienza de manera gradual y aumenta el tiempo de actividad conforme te adaptes.
El peso y otros hábitos también cuentan
Mantener un peso saludable, evitar el tabaco y moderar el consumo de alcohol forman parte del cuidado de la presión arterial. Dormir adecuadamente y encontrar formas de manejar el estrés también pueden contribuir al bienestar cardiovascular.
No es necesario cambiar todos tus hábitos al mismo tiempo. Elegir uno o dos cambios que puedas mantener y avanzar progresivamente suele ser más práctico que intentar modificar toda tu rutina de una sola vez.
Medir la presión permite conocerla
Una persona puede sentirse completamente bien y tener hipertensión. Por eso, realizar mediciones periódicas es importante, especialmente si existen antecedentes familiares, sobrepeso, diabetes, enfermedad renal u otros factores de riesgo.
Si ya tienes hipertensión, los cambios de hábitos son importantes, pero no sustituyen los medicamentos cuando han sido indicados. Suspenderlos o modificar la dosis por cuenta propia puede hacer que la presión vuelva a elevarse.