Algunas personas tienen un mayor riesgo de sufrir determinados accidentes debido a su edad, sus capacidades, su estado de salud o las características del entorno. Entre ellas se encuentran los niños pequeños, los adultos mayores y las personas que tienen dificultades para desplazarse, ver, escuchar o mantener el equilibrio.
Esto no significa que deban limitar su independencia. La prevención consiste en adaptar el entorno y proporcionar el apoyo necesario para que puedan realizar sus actividades con mayor seguridad.
¿Cómo proteger a los niños?
Los niños pequeños exploran constantemente su entorno y todavía están desarrollando habilidades para reconocer los peligros. Por eso, necesitan supervisión y espacios adaptados a su edad.
- Mantén medicamentos, productos de limpieza y sustancias peligrosas fuera de su alcance.
- Protege enchufes y cables cuando sea necesario.
- Mantén objetos pequeños que puedan llevarse a la boca lejos de los niños pequeños.
- Utiliza medidas de seguridad adecuadas en escaleras, ventanas y zonas de riesgo.
- No dejes solos a los niños pequeños cerca del agua.
- Enséñales reglas sencillas de seguridad conforme crecen.
¿Cómo ayudar a los adultos mayores a prevenir caídas?
Con el paso de los años pueden aparecer cambios en la fuerza, el equilibrio o la visión que aumentan el riesgo de caídas. Adaptar el hogar puede marcar una diferencia importante.
- Mantén libres de obstáculos las zonas de paso.
- Mejora la iluminación de toda la vivienda.
- Instala elementos de apoyo cuando sean necesarios.
- Utiliza calzado estable y adecuado.
- Mantén los objetos de uso frecuente al alcance.
- Revisa periódicamente la visión y la audición.
- Comenta con un profesional de la salud cualquier caída, mareo o problema de equilibrio.
Las necesidades de cada persona son diferentes. Una adaptación que facilita la seguridad de alguien puede ser innecesaria para otra persona. Lo importante es observar qué actividades presentan dificultad y realizar los cambios correspondientes.
La prevención también debe respetar la autonomía. En lugar de hacer todo por una persona, busca formas de permitir que continúe participando en sus actividades con los apoyos adecuados.
¿Qué pasa si una persona necesita más ayuda?
Puede ser útil establecer rutinas, adaptar los espacios y coordinar el apoyo entre familiares, cuidadores y profesionales. La seguridad mejora cuando las personas que acompañan conocen las necesidades y los riesgos específicos.
Si notas cambios en la movilidad, el equilibrio, la visión o la capacidad para realizar actividades cotidianas, consulta a un profesional de la salud.