La conexión entre tu intestino y tu cerebro
¿Cómo se comunican el intestino y el cerebro?
El intestino y el cerebro están en constante comunicación. Esta relación, conocida como eje intestino-cerebro, permite que ambos órganos intercambien información y respondan a diferentes situaciones del organismo. Por eso, lo que ocurre en nuestra mente puede acompañarse de cambios digestivos, mientras que las señales provenientes del intestino también pueden influir en la forma en que percibimos algunas sensaciones y estados internos.
Esta comunicación ocurre a través de diferentes vías, entre ellas el sistema nervioso, las hormonas y el sistema inmunitario. El nervio vago es una de las principales rutas que conectan al intestino con el cerebro, aunque no es la única. También participan sustancias producidas por las células intestinales y por los microorganismos que viven en el aparato digestivo.
Una conexión que se siente
Seguro has experimentado alguna vez un “nudo” en el estómago antes de una situación importante, mariposas en el abdomen cuando estás nervioso o la necesidad urgente de ir al baño durante un momento de tensión. Estas sensaciones tienen una explicación: las emociones pueden modificar la actividad del aparato digestivo.
El cerebro puede influir en la velocidad con la que se mueve el contenido intestinal, en las secreciones digestivas y en la manera en que percibimos determinadas molestias. Por eso, dos personas pueden experimentar una situación similar y presentar respuestas digestivas diferentes.
La comunicación funciona en ambos sentidos
La conexión no va solamente del cerebro hacia el intestino. El intestino también envía información constantemente al cerebro. Las señales procedentes del aparato digestivo ayudan al organismo a conocer qué está ocurriendo en esa zona y participan en diferentes procesos relacionados con el equilibrio interno.
Esta relación es especialmente importante en los llamados trastornos de la interacción intestino-cerebro, como el síndrome de intestino irritable y la dispepsia funcional. En estos problemas, las molestias pueden estar relacionadas con la manera en que el cerebro y el aparato digestivo procesan las señales, aunque eso no significa que los síntomas sean imaginarios.
Por eso, hablar de salud digestiva implica mirar más allá de lo que comemos. El intestino y el cerebro forman una red de comunicación que responde a factores físicos y emocionales.
Ahora que conocemos esta conexión, vale la pena entender qué ocurre cuando atravesamos períodos de tensión. En el siguiente contenido veremos cómo el estrés puede modificar nuestra digestión y provocar molestias.