Verdades que desafían los mitos de la epilepsia
Mito: Hay que sujetar a alguien durante una crisis
Ver a una persona perder el control de sus movimientos puede resultar angustiante. La reacción inmediata de muchas personas es intentar detenerla, sujetarle los brazos o evitar que se mueva. Sin embargo, inmovilizar a alguien durante una crisis puede causarle lesiones y no detiene la actividad epiléptica.
La prioridad debe ser proteger a la persona mientras la crisis termina.
Primero hay que reducir los riesgos
Si está de pie y parece que va a caer, intenta ayudarla a llegar al suelo de manera segura. Si ya está en el suelo, despeja el área y retira objetos con los que pueda golpearse.
También es recomendable:
- Colocar algo suave debajo de su cabeza.
- Retirar los lentes si los utiliza.
- Aflojar cualquier prenda que dificulte la respiración.
- Colocarla suavemente de lado cuando sea posible.
- Permanecer a su lado hasta que termine la crisis.
- Registrar cuánto tiempo dura.
Nunca pongas objetos en su boca
Uno de los mitos más peligrosos consiste en pensar que una persona puede tragarse la lengua durante una crisis y que es necesario introducir una cuchara, los dedos u otro objeto para evitarlo.
No debe colocarse nada dentro de la boca. Esto puede provocar lesiones en los dientes o la mandíbula y aumentar el riesgo de atragantamiento. Tampoco se deben ofrecer alimentos, bebidas o medicamentos mientras la persona no esté completamente alerta.
Hay momentos para pedir ayuda
La mayoría de las crisis termina por sí sola después de unos minutos, pero existen situaciones que requieren atención médica de emergencia. Por ejemplo, si:
- Dura más de cinco minutos.
- Comienza otra crisis poco después.
- La persona tiene dificultad para respirar o despertar.
- Se lesiona durante la crisis.
- La crisis ocurre dentro del agua.
- Es la primera crisis que presenta.
- La persona está embarazada.
Cuando termina, la persona puede sentirse confundida, cansada o desorientada. Mantener la calma, acompañarla y explicarle qué ocurrió puede ayudarla a recuperar la seguridad.
Saber actuar evita que una situación difícil termine en una lesión innecesaria. Pero la epilepsia no se define únicamente por sus crisis: también importa lo que una persona puede seguir haciendo en su vida cotidiana.
La vida después del diagnóstico está llena de ideas que vale la pena cuestionar. El próximo tema pone el foco justamente ahí: estudiar, trabajar, hacer ejercicio y mantener proyectos personales también pueden formar parte de la vida de muchas personas con epilepsia.