El hígado cumple un papel importante en el metabolismo. Entre otras funciones, ayuda a procesar y almacenar nutrientes, regula parte de la glucosa que circula en la sangre y participa en el manejo de las grasas.
Por esta razón, algunas alteraciones metabólicas pueden afectar también su salud. La obesidad, la resistencia a la insulina, la diabetes tipo 2 y los niveles elevados de triglicéridos pueden presentarse junto con una acumulación excesiva de grasa en el hígado.
Esta relación también es importante dentro del síndrome cardiovascular renal metabólico, porque muestra cómo los problemas metabólicos pueden involucrar órganos que van más allá del corazón y los riñones.
Cuando se acumula grasa
Una pequeña cantidad de grasa puede encontrarse normalmente en el hígado. El problema aparece cuando se acumula en exceso.
Actualmente, la enfermedad caracterizada por acumulación de grasa en el hígado asociada con alteraciones metabólicas se conoce como enfermedad hepática esteatósica asociada a disfunción metabólica (MASLD, por sus siglas en inglés).
Aunque el nombre puede parecer complicado, se refiere a una condición en la que existe grasa acumulada en el hígado junto con uno o más factores cardiometabólicos, como obesidad, glucosa elevada, presión arterial alta o alteraciones del colesterol y los triglicéridos.
¿Qué puede ocurrir con el tiempo?
No todas las personas con acumulación de grasa en el hígado desarrollarán problemas más graves. Sin embargo, en algunos casos puede aparecer inflamación y daño en las células hepáticas.
Con el tiempo, este daño puede favorecer la formación de tejido cicatricial, conocida como fibrosis. Cuando la cicatrización es extensa y modifica la estructura y funcionamiento del hígado, puede desarrollarse cirrosis.
Por eso, detectar una alteración hepática permite valorar si requiere seguimiento y qué otros problemas metabólicos pueden estar presentes.
¿Cómo se relaciona con otras condiciones?
La salud del hígado y el metabolismo pueden influirse mutuamente. La resistencia a la insulina, por ejemplo, puede favorecer la acumulación de grasa en el hígado. Al mismo tiempo, las alteraciones hepáticas metabólicas suelen presentarse junto con otros factores que aumentan el riesgo cardiovascular.
Entre las condiciones que pueden coexistir se encuentran:
- Obesidad, especialmente con acumulación de grasa abdominal.
- Resistencia a la insulina.
- Prediabetes o diabetes tipo 2.
- Presión arterial alta.
- Colesterol o triglicéridos alterados.
Esto no significa que todas las personas con alguna de estas condiciones tendrán enfermedad hepática, sino que su presencia puede hacer necesario prestar mayor atención a la salud metabólica en conjunto.
El hígado dentro del síndrome CKM
Aunque el hígado no aparece directamente en el nombre del síndrome cardiovascular renal metabólico, está estrechamente relacionado con el componente metabólico.
Una persona con alteraciones metabólicas del hígado también puede presentar factores que afectan al corazón o los riñones. Por eso, limitar la atención únicamente al hígado puede dejar fuera información importante sobre su estado general de salud.
Si existe enfermedad hepática relacionada con el metabolismo, el seguimiento puede requerir valorar también la glucosa, la presión arterial, las grasas en la sangre, el peso, la cintura y, cuando corresponda, la función renal y el riesgo cardiovascular.
Comprender estas conexiones permite considerar al hígado como parte de un panorama más amplio. En el síndrome CKM, el objetivo es reconocer las condiciones que pueden coexistir y atender la salud metabólica, cardiovascular, renal y hepática de manera integral.