Tener una enfermedad crónica no siempre significa que debas evitar la actividad física. De hecho, mantenerse activo puede ayudar a mejorar la movilidad, la energía y la calidad de vida en personas con condiciones como diabetes, hipertensión o enfermedades cardiovasculares.
¿Por qué la actividad física ayuda?
Realizar ejercicio de forma regular ayuda a mantener músculos y articulaciones activos, mejorar la condición física y reducir el tiempo sedentario.
Además, la actividad física puede contribuir a:
- Mejorar la circulación.
- Favorecer el control de la glucosa.
- Ayudar a mantener una presión arterial saludable.
- Reducir la rigidez muscular.
- Mejorar el bienestar emocional.
La actividad física también puede ayudar a disminuir el estrés y favorecer un mejor descanso.
Actividades que suelen recomendarse
Las actividades deben adaptarse a las necesidades y condición física de cada persona. Algunas opciones suelen ser:
- Caminar.
- Hacer ejercicios de movilidad.
- Practicar estiramientos.
- Andar en bicicleta.
- Nadar.
- Realizar ejercicios de fuerza suaves.
En algunos casos, también pueden recomendarse ejercicios de bajo impacto o rutinas supervisadas.
1. Empieza poco a poco
Si llevas tiempo sin hacer ejercicio, lo mejor es comenzar gradualmente y evitar esfuerzos excesivos desde el inicio.
También es importante prestar atención a cómo responde el cuerpo durante la actividad física y mantener una rutina compatible con tus capacidades y tratamiento médico.
2. Consulta a un profesional de la salud
Cada enfermedad crónica tiene necesidades diferentes. Por eso, antes de iniciar una nueva rutina de ejercicio, es recomendable consultar con un profesional de la salud, especialmente si existen molestias, limitaciones físicas o cambios recientes en el tratamiento.
La actividad física adaptada y constante puede convertirse en una herramienta importante para cuidar la salud y mantener una mejor calidad de vida.