Las habilidades emocionales permiten reconocer lo que sentimos, manejar situaciones difíciles, tomar decisiones y relacionarnos con otras personas. Desarrollarlas no evita por sí solas una adicción, pero proporciona recursos para afrontar problemas sin recurrir al consumo de sustancias como única forma de manejar el malestar.
Estas habilidades comienzan a desarrollarse desde la infancia y continúan fortaleciéndose a lo largo de la vida.
Aprende a reconocer lo que sientes
Identificar una emoción y entender qué la desencadena facilita decidir qué hacer con ella. Sentir enojo, tristeza, miedo o frustración es parte de la experiencia humana; lo importante es contar con formas saludables de responder.
Algunas estrategias son:
- Hablar con una persona de confianza.
- Hacer una pausa antes de tomar una decisión.
- Practicar respiración o relajación.
- Realizar actividad física.
- Mantener actividades que generen bienestar.
- Buscar ayuda profesional cuando el malestar persiste.
Fortalece la toma de decisiones
Ante una situación de presión, detenerse a pensar en las consecuencias ayuda a evitar decisiones impulsivas. Esto resulta especialmente importante durante la adolescencia, cuando la influencia de los compañeros puede tener un peso importante.
Aprender a decir “no”, establecer límites y alejarse de situaciones de riesgo son habilidades que pueden practicarse antes de necesitarlas.
Pedir ayuda también es una habilidad
No siempre es posible resolver una situación difícil por cuenta propia. Buscar apoyo de familiares, amistades, docentes o profesionales de salud permite encontrar otras formas de afrontar los problemas.
Fortalecer las habilidades emocionales es un proceso cotidiano. Practicar estrategias para manejar el estrés y resolver problemas desde ahora ofrece más recursos para enfrentar momentos difíciles sin recurrir a sustancias.