Los primeros años de vida son una etapa importante para observar el desarrollo de un niño con autismo. Durante este periodo se construyen habilidades de comunicación, juego, movimiento, interacción y autonomía que servirán como base para aprendizajes posteriores.
Cada niño tiene un ritmo diferente. Por eso, acompañar esta etapa no significa comparar su desarrollo con el de otros niños, sino identificar sus fortalezas, necesidades y las formas de apoyo que favorecen su participación.
El desarrollo ocurre en distintas áreas
Durante la primera infancia conviene prestar atención a diferentes habilidades, no únicamente al lenguaje. Entre ellas están:
- Comunicación mediante palabras, gestos, imágenes u otros recursos.
- Capacidad para participar en juegos e interacciones.
- Habilidades motoras y coordinación.
- Alimentación, vestido y otras actividades de autocuidado.
- Capacidad para seguir rutinas sencillas.
- Forma de responder ante cambios y estímulos del entorno.
El desarrollo de una habilidad en un área no significa que todas las demás avancen al mismo ritmo. Un niño con autismo puede mostrar fortalezas importantes en determinado ámbito y necesitar mayor acompañamiento en otro.
El juego favorece muchos aprendizajes
Jugar es una oportunidad para fortalecer la comunicación, la atención compartida, la imitación, la resolución de problemas y la interacción con otras personas. No es necesario convertir cada juego en una actividad de enseñanza estructurada.
Compartir una actividad que le resulte interesante permite seguir sus iniciativas, turnarse y crear oportunidades para comunicarse. También es útil introducir gradualmente juegos nuevos, respetando su nivel de comprensión y sus intereses.
Las rutinas facilitan la participación
Las actividades cotidianas ofrecen oportunidades para desarrollar autonomía. Lavarse las manos, guardar juguetes, comer, vestirse o prepararse para salir son acciones que pueden dividirse en pasos sencillos y practicarse de manera constante.
Los apoyos visuales, las demostraciones y las instrucciones breves facilitan que un niño comprenda qué debe hacer. Conforme adquiere una habilidad, el apoyo puede reducirse poco a poco.
El acompañamiento debe ser individual
No existe una estrategia que funcione de la misma manera para todos los niños con autismo. Las necesidades cambian según la edad, las habilidades, el entorno y las características de cada niño.
La atención temprana y los apoyos adecuados favorecen el desarrollo y la participación. La Organización Mundial de la Salud recomienda intervenciones centradas en las necesidades de cada niño y su familia.
En los primeros años, enfócate en habilidades que hagan más fácil la vida cotidiana: comunicar necesidades, participar en actividades, jugar, cuidarse y relacionarse con otras personas.