El impacto del estrés en el infarto cerebral
Cuando el estrés empieza a afectar tu presión
Sentir que el corazón late más rápido durante un momento de tensión es una reacción conocida. Lo que quizá no siempre tenemos presente es que el estrés también puede provocar un aumento temporal de la presión arterial.
Cuando el cuerpo entra en modo de alerta, las hormonas del estrés hacen que el corazón trabaje con mayor intensidad y que los vasos sanguíneos se contraigan. Como resultado, la presión puede elevarse durante un periodo breve y después regresar a sus niveles habituales cuando desaparece la situación estresante.
Una emoción intensa no significa hipertensión
Es importante hacer esta diferencia. Que la presión aumente temporalmente durante una situación estresante no significa que una persona tenga hipertensión.
La preocupación surge cuando el estrés se vuelve constante y se relaciona con otros factores que afectan la salud. El estrés prolongado puede favorecer hábitos como dormir poco, comer de manera poco saludable, fumar, beber alcohol en exceso o reducir la actividad física. Estos comportamientos pueden contribuir al riesgo cardiovascular.
Y la presión arterial sí importa cuando hablamos de infarto cerebral: la hipertensión es uno de los principales factores de riesgo modificables para sufrir un accidente cerebrovascular.
Por eso, cuidar la presión no consiste únicamente en evitar el enojo o intentar estar tranquilo todo el tiempo. También implica conocer nuestros niveles, acudir a revisiones y atender otros factores de riesgo.
Tu cuerpo puede avisarte que estás viviendo demasiado estrés, pero un infarto cerebral tiene señales específicas que no conviene atribuir simplemente a los nervios. Reconocerlas puede ser decisivo.
Haz una pausa y sigue con el próximo tema para aprender a identificar los signos de un infarto cerebral y saber cuándo una situación requiere atención de emergencia.