El impacto del estrés en el infarto cerebral
Hábitos que ayudan a reducir el riesgo
Cuando el estrés se acumula, es fácil sentir que necesitamos resolver todo de inmediato. Pero cuidar la salud cerebrovascular no requiere tener una vida perfectamente tranquila. Se trata de encontrar pequeñas formas de recuperar el equilibrio y atender los factores que sí podemos modificar.
Manejar el estrés puede formar parte de la prevención porque el estrés crónico se relaciona con presión arterial elevada y con algunos hábitos que pueden aumentar el riesgo cardiovascular y cerebrovascular.
Empieza por lo que puedas sostener
Algunas medidas que pueden ayudar son:
- Realizar actividad física con regularidad.
- Procurar dormir lo suficiente.
- Reservar momentos de descanso durante el día.
- Practicar respiración, meditación u otras técnicas de relajación.
- Mantener contacto con personas de confianza.
- Evitar fumar.
- Moderar el consumo de alcohol.
- Llevar una alimentación equilibrada.
- Revisar periódicamente la presión arterial.
- Seguir el tratamiento indicado si ya existe hipertensión.
No hace falta comenzar con todos estos cambios al mismo tiempo. Elegir uno o dos hábitos que realmente puedas incorporar a tu rutina puede ser un punto de partida más realista.
También está bien pedir ayuda
A veces el estrés no desaparece con una caminata, una noche de descanso o unos minutos de respiración. Si las preocupaciones comienzan a afectar el sueño, el trabajo, las relaciones o la vida cotidiana, hablar con un profesional puede ayudar a encontrar estrategias adecuadas.
Y si ya tienes hipertensión, diabetes, colesterol alto, antecedentes de infarto cerebral u otros factores de riesgo, el seguimiento médico es especialmente importante. La prevención no consiste únicamente en “relajarse”: implica conocer el propio riesgo y trabajar en conjunto con los profesionales de salud para reducirlo.
El estrés forma parte de la vida y no siempre podremos evitar aquello que lo provoca. Lo importante es no acostumbrarnos a vivir permanentemente al límite. Cuidar el cerebro también significa descansar, pedir apoyo, atender nuestra presión y prestar atención a las señales que nos da el cuerpo.
Hablar de estrés no es hablar de culpa. A veces estamos haciendo frente a situaciones que realmente son difíciles, y reconocer que necesitamos apoyo también es una forma de cuidarnos.