La autonomía consiste en tener oportunidades para participar en las decisiones y actividades de la propia vida. En una persona con autismo, desarrollarla no significa hacer todo sin ayuda, sino adquirir habilidades y contar con los apoyos necesarios para participar de acuerdo con sus capacidades.
La independencia tampoco tiene que ser igual para todas las personas. Algunas pueden realizar por sí mismas la mayoría de sus actividades, mientras que otras requieren apoyo permanente en determinadas áreas.
Empieza con actividades cotidianas
Las tareas diarias son un buen punto de partida para desarrollar autonomía. Según la edad y las habilidades de cada persona, se pueden practicar actividades como:
- Elegir la ropa que utilizará.
- Preparar alimentos sencillos.
- Organizar sus pertenencias.
- Realizar higiene personal.
- Guardar objetos después de utilizarlos.
- Preparar una mochila o bolsa.
- Seguir una lista de actividades.
Es preferible enseñar una habilidad paso a paso y permitir que la persona participe activamente, en lugar de hacer por ella una tarea que ya está aprendiendo.
Enseña con apoyos graduales
Una actividad puede comenzar con demostraciones, instrucciones verbales, imágenes o ayuda física. Conforme la persona adquiere seguridad, algunos apoyos pueden retirarse gradualmente.
Los apoyos visuales son especialmente útiles para mostrar secuencias, recordar tareas y facilitar la organización. La meta es que la persona dependa cada vez menos de la ayuda externa cuando sus habilidades lo permitan.
También implica tomar decisiones
La autonomía no se limita al autocuidado. Elegir qué comer, qué ropa usar, qué actividad realizar o cómo organizar parte del tiempo diario son oportunidades para practicar la toma de decisiones.
Cuando existen varias opciones seguras, ofrecerlas permite que la persona exprese preferencias y participe en asuntos que afectan su vida.
La seguridad forma parte del aprendizaje
Desarrollar autonomía también implica aprender a pedir ayuda, identificar situaciones de riesgo y utilizar recursos de manera segura. Dependiendo de la edad, esto puede incluir aprender datos de contacto, reconocer personas de confianza, utilizar transporte o manejar dinero.
Estas habilidades deben enseñarse de manera gradual y práctica, considerando las capacidades de cada persona.
Los apoyos no reducen autonomía
Necesitar ayuda no significa carecer de autonomía. Un apoyo adecuado puede ser precisamente lo que permite participar en una actividad que, de otra manera, sería difícil realizar.
Elige una actividad cotidiana que la persona quiera hacer por sí misma, divídela en pasos y deja que realice la mayor parte que pueda. Acompañar no significa sustituir: significa facilitar que desarrolle sus propias habilidades.