El cáncer puede aparecer por una combinación de factores. Algunos están relacionados con nuestros hábitos y el entorno, mientras que otros dependen de la edad, los antecedentes familiares o cambios que ocurren en las células con el paso del tiempo.
Tener un factor de riesgo no significa que una persona desarrollará cáncer. Del mismo modo, algunas personas reciben un diagnóstico sin presentar factores de riesgo conocidos.
Factores que sí podemos modificar
Una parte de los factores de riesgo está relacionada con el estilo de vida y determinadas exposiciones. Entre los más importantes se encuentran:
- Fumar o estar expuesto al humo del tabaco.
- Consumir alcohol.
- Tener exceso de peso.
- Llevar una alimentación poco saludable.
- Mantener poca actividad física.
- Exponerse de manera excesiva a la radiación ultravioleta.
- Estar expuesto a determinadas sustancias químicas o contaminantes.
Estos factores no afectan de la misma manera a todas las personas y el riesgo depende de cuánto tiempo y con qué intensidad ocurre la exposición.
La edad y los antecedentes familiares
La edad es uno de los principales factores relacionados con el cáncer. Con el paso de los años se acumulan cambios en las células y disminuye la capacidad del organismo para reparar algunos daños.
Los antecedentes familiares también son importantes. Tener familiares con determinados tipos de cáncer puede indicar una mayor probabilidad de desarrollar la enfermedad, especialmente cuando varios familiares la han presentado o cuando apareció a edades tempranas.
En algunos casos existe una alteración genética heredada que aumenta el riesgo. Esto es diferente de la mayoría de los cambios genéticos que aparecen durante la vida en las propias células.
No todos los factores pueden prevenirse
Existen factores que no podemos modificar, como la edad, ciertos antecedentes familiares o algunas características biológicas. Esto significa que prevenir el cáncer no consiste en eliminar todos los riesgos, algo que no siempre es posible.
Lo que sí está al alcance es reducir aquellos factores que pueden modificarse y mantener las revisiones recomendadas de acuerdo con la edad, los antecedentes y las características de cada persona.
No es necesario esperar a tener una enfermedad para comenzar a cuidar estos aspectos. Evitar el tabaco, limitar el alcohol, mantener actividad física, proteger la piel del sol y procurar una alimentación saludable son acciones que contribuyen a disminuir algunos riesgos relacionados con el cáncer.
Si existen antecedentes familiares importantes, conviene comentarlos con un profesional de la salud para determinar si se requiere una vigilancia diferente o una valoración genética.