Cepillarte los dientes es una de las medidas más importantes para cuidar tu salud bucal. El objetivo es eliminar la placa que se acumula sobre los dientes y cerca de las encías, donde las bacterias pueden favorecer la aparición de caries y enfermedades de las encías.
La técnica importa tanto como la frecuencia. Cepillarte con demasiada fuerza no limpia mejor y puede irritar las encías o desgastar el esmalte.
Dos veces al día es una buena rutina
La recomendación general es cepillarte los dientes al menos dos veces al día con una pasta dental que contenga flúor. Una de esas veces debe ser antes de dormir, ya que durante la noche disminuye la producción de saliva y los dientes permanecen más tiempo expuestos a las bacterias.
Procura dedicar alrededor de dos minutos a cada cepillado y evita hacerlo con prisas.
Una técnica suave protege tu boca
Coloca el cepillo en un ángulo cercano a la línea de las encías y realiza movimientos suaves, cortos y controlados. Limpia todas las superficies de los dientes, incluyendo las zonas externas, internas y las que utilizas para masticar.
No olvides la lengua, donde pueden acumularse bacterias y restos de alimentos.
Para mejorar tu cepillado:
- Utiliza un cepillo de cerdas suaves.
- Cambia el cepillo aproximadamente cada tres o cuatro meses o antes si las cerdas están desgastadas.
- Usa una cantidad adecuada de pasta dental con flúor.
- No presiones demasiado el cepillo.
- Cepilla todas las superficies de los dientes.
- Dedica suficiente tiempo a la limpieza.
Después de cepillarte
Escupe el exceso de pasta dental después del cepillado. Si es posible, evita enjuagarte inmediatamente con abundante agua, porque esto puede eliminar parte del flúor que queda sobre los dientes.
El cepillado es fundamental, pero por sí solo no alcanza todos los espacios de la boca. La limpieza entre los dientes completa la rutina.
Si tienes dudas sobre tu técnica de cepillado, consulta a un profesional de la salud bucal para que te indique cómo adaptarla a tus necesidades.