La pérdida de la función de los riñones no siempre ocurre de la misma manera. Puede aparecer de forma repentina, como sucede en una lesión renal aguda, o desarrollarse lentamente durante meses o años, como ocurre con la enfermedad renal crónica.
Distinguir ambos procesos es importante porque las causas, el tratamiento y las posibilidades de recuperación son diferentes.
La lesión renal aguda aparece rápidamente
La lesión renal aguda consiste en una disminución repentina de la función de los riñones. Puede desarrollarse en horas o días como consecuencia de una enfermedad grave, una lesión, una pérdida importante de líquidos o determinados medicamentos, entre otras causas.
En algunas personas, la función renal mejora cuando se identifica y trata la causa. En situaciones más graves, puede ser necesario utilizar diálisis durante un periodo determinado.
La enfermedad renal crónica avanza durante años
La enfermedad renal crónica ocurre cuando existe daño o una alteración persistente en los riñones que afecta su capacidad para filtrar la sangre. Con frecuencia progresa lentamente y puede permanecer sin síntomas durante mucho tiempo.
La diabetes y la presión arterial alta son causas frecuentes. Cuando el daño avanza de manera importante, puede llegar a producir insuficiencia renal.
La recuperación no es igual
Una lesión renal aguda puede ser reversible, especialmente cuando se identifica y trata rápidamente la causa. Esto no significa que todos los casos se recuperen por completo.
En la enfermedad renal crónica avanzada, el daño suele ser permanente. El tratamiento busca conservar la función renal restante y retrasar o prevenir su progresión cuando es posible.
Una enfermedad puede favorecer la otra
Las personas con enfermedad renal crónica tienen mayor riesgo de presentar una lesión renal aguda. Un episodio de lesión aguda también puede empeorar una función renal que ya estaba reducida.
Por eso, cualquier cambio importante en el estado de salud de una persona con enfermedad renal merece atención.
Las pruebas ayudan a saber qué está ocurriendo
Los análisis de sangre permiten evaluar qué tan bien están filtrando los riñones, mientras que las pruebas de orina ayudan a identificar sustancias como la albúmina que pueden aparecer cuando existe daño renal.
Si tienes una enfermedad renal, diabetes, presión arterial alta u otros factores de riesgo, consulta a un profesional de la salud sobre las pruebas que necesitas y la frecuencia adecuada.