Cuando los riñones pierden gran parte de su capacidad para funcionar, el tratamiento busca sustituir algunas de sus funciones, controlar las complicaciones y ayudar a la persona a mantener la mejor calidad de vida posible. La opción adecuada depende de la función renal que conserve, sus síntomas, otras condiciones de salud y sus necesidades personales.
No todas las personas con enfermedad renal necesitan diálisis. Cuando la función renal todavía permite mantener el equilibrio del organismo, el tratamiento puede enfocarse en controlar la causa y retrasar la progresión del daño.
El tratamiento depende de la etapa
En las primeras etapas de una enfermedad renal, el objetivo suele ser conservar la función que todavía tienen los riñones. Esto puede incluir controlar la presión arterial, la diabetes y otras enfermedades relacionadas con el daño renal.
También pueden utilizarse medicamentos para reducir determinadas complicaciones y proteger la función renal restante. El tratamiento se ajusta de acuerdo con los resultados de los análisis y la evolución de la enfermedad.
Cuando los riñones dejan de funcionar
Si la función renal disminuye hasta un punto en el que los riñones ya no pueden eliminar adecuadamente los desechos y el exceso de líquido, existen opciones para reemplazar parte de su trabajo:
- Hemodiálisis.
- Diálisis peritoneal.
- Trasplante de riñón.
- Tratamiento conservador, que controla los síntomas y las complicaciones sin diálisis ni trasplante.
Cada alternativa tiene ventajas, limitaciones y efectos diferentes en la vida cotidiana.
La decisión se toma de manera individual
Elegir un tratamiento puede ser una decisión importante y, en ocasiones, difícil. El equipo de atención considera el estado de salud, la función renal, los síntomas, las actividades cotidianas y las preferencias de la persona.
Informarte con anticipación permite conocer las opciones y participar en las decisiones sobre tu tratamiento.
El seguimiento forma parte del tratamiento
La insuficiencia renal requiere vigilancia continua. Los análisis de sangre, las pruebas de orina, la presión arterial, el peso y otros indicadores ayudan a conocer cómo está evolucionando la enfermedad y si es necesario modificar el tratamiento.
Si tienes enfermedad renal, consulta a un profesional de la salud sobre las opciones disponibles para tu situación y pregunta qué cambios debes vigilar.