La biodiversidad es la variedad de seres vivos, especies y ecosistemas que existen en nuestro planeta. Aunque suele relacionarse principalmente con la naturaleza, su conservación está estrechamente vinculada con nuestra salud.
Los ecosistemas proporcionan agua dulce, alimentos, aire limpio, regulación del clima y otros recursos esenciales. Cuando se deterioran o desaparecen especies, estos beneficios también pueden verse afectados.
La naturaleza sostiene recursos básicos
Los bosques, humedales, océanos y otros ecosistemas cumplen funciones que ayudan a mantener condiciones adecuadas para la vida. Algunos filtran el agua, otros contribuyen a regular la temperatura y muchos participan en la producción de alimentos.
La pérdida de estos ecosistemas puede afectar la disponibilidad y calidad de recursos que necesitamos todos los días.
La alimentación depende de la biodiversidad
Una gran variedad de plantas, animales y microorganismos participa en los sistemas alimentarios. Los polinizadores, por ejemplo, son fundamentales para la producción de numerosos cultivos.
Cuando disminuye la diversidad de especies, los sistemas alimentarios pueden volverse más vulnerables a plagas, enfermedades y cambios climáticos. Esto tiene consecuencias para la disponibilidad, variedad y calidad nutricional de los alimentos.
Los ecosistemas también ayudan a controlar enfermedades
Los cambios en los ecosistemas pueden modificar la relación entre personas, animales y microorganismos. La deforestación, la fragmentación de hábitats y otras alteraciones ambientales pueden crear condiciones que favorezcan la aparición o propagación de algunas enfermedades.
Esto no significa que la pérdida de una especie provoque automáticamente una enfermedad. El riesgo depende de múltiples factores ambientales, sociales y biológicos.
Cuidar la naturaleza protege nuestra salud
Proteger los espacios naturales, conservar los ecosistemas y utilizar de manera responsable los recursos contribuye a mantener los servicios ambientales de los que depende nuestra salud.
La biodiversidad no es un elemento separado de nuestra vida cotidiana. El agua que bebemos, los alimentos que consumimos, el aire que respiramos y las condiciones climáticas en las que vivimos están relacionados con el estado de los ecosistemas.