Las actividades cotidianas pueden resultar más fáciles de seguir cuando una persona con autismo sabe qué ocurrirá, en qué orden y qué se espera de ella. Las rutinas ofrecen previsibilidad y permiten practicar habilidades de comunicación, participación y autonomía dentro de situaciones conocidas.
Esto no significa que todas las actividades tengan que realizarse exactamente de la misma manera. Una estructura clara también puede incluir pequeños cambios y enseñar gradualmente a enfrentarlos.
Organiza las actividades paso a paso
Una rutina funciona mejor cuando las instrucciones son claras y las actividades se dividen en pasos que la persona pueda comprender y realizar.
Por ejemplo, para prepararse antes de salir de casa se puede establecer una secuencia sencilla:
- Guardar los objetos necesarios.
- Ponerse los zapatos.
- Tomar la mochila.
- Revisar que lleve lo necesario.
- Esperar para salir.
Con la práctica, algunos pasos que inicialmente requieren ayuda pueden realizarse con mayor autonomía.
Usa apoyos visuales sencillos
Los horarios con imágenes, fotografías, dibujos, listas escritas, temporizadores o tableros de “primero-después” permiten mostrar de manera concreta qué actividad sigue. Estos recursos resultan especialmente útiles cuando las instrucciones habladas no son suficientes o cuando una transición genera incertidumbre.
El apoyo debe corresponder con la edad y las habilidades de la persona. Para algunos niños bastarán fotografías; otros comprenderán mejor palabras o una combinación de elementos.
Anticipa los cambios importantes
Las modificaciones inesperadas pueden resultar difíciles. Cuando sea posible, conviene avisar con anticipación si habrá un cambio en la rutina, una salida diferente o una actividad nueva.
También ayuda explicar qué permanecerá igual. Por ejemplo, si cambia el lugar donde se realizará una actividad, se puede mantener el mismo horario o la misma secuencia de pasos.
La intención no es evitar todos los cambios, sino enseñar gradualmente que las actividades pueden modificarse y ofrecer herramientas para afrontarlos.
La rutina debe ser flexible
Una estructura demasiado rígida puede dificultar la adaptación cuando ocurre algo inesperado. Por eso, además de establecer rutinas, es útil introducir pequeñas variaciones de manera gradual y acompañarlas con explicaciones o apoyos visuales.
Las rutinas cotidianas también son oportunidades para aprender habilidades de autocuidado, comunicación y participación familiar. La OMS destaca el valor de utilizar el juego y las actividades del hogar como espacios para favorecer el desarrollo y el aprendizaje.
Empieza por una actividad que genere dificultades frecuentes y crea una secuencia sencilla para realizarla. Mantén el apoyo el tiempo necesario y retíralo poco a poco cuando la persona gane autonomía.