Autismo
Comprender el autismo ayuda a construir entornos más inclusivos. Explora recursos sobre señales, acompañamiento y apoyo.
Selectividad alimentaria
La selectividad alimentaria es frecuente en algunas personas con autismo y puede hacer que acepten un número reducido de alimentos. El rechazo no siempre se relaciona con el sabor. La textura, el olor, la temperatura, el color, la apariencia o incluso la forma en que se presenta la comida pueden influir en la aceptación.
También pueden intervenir las rutinas y la necesidad de familiaridad. Un cambio pequeño, como utilizar una marca diferente, modificar la presentación de un alimento conocido o combinarlo con otro, puede generar rechazo en algunas personas.
Cuando la variedad de alimentos es muy limitada, conviene observar no solo cuánto come una persona, sino qué tan variada es su alimentación. Una selección muy reducida puede dificultar el consumo suficiente de algunos nutrientes y, en determinados casos, favorecer problemas como estreñimiento, pérdida o aumento de peso o deficiencias nutricionales.
Descubre qué alimentos acepta
Antes de intentar ampliar la alimentación, puede ser útil identificar qué características comparten los alimentos que la persona acepta y cuáles suelen provocar rechazo.
Algunas recomendaciones son:
- Identificar texturas, sabores, olores o temperaturas que generan rechazo.
- Observar cómo cambia la aceptación según la presentación del alimento.
- Registrar durante algunos días los alimentos que consume.
- Mantener disponibles alimentos que ya sean aceptados.
- Evitar convertir cada comida en una discusión.
- Involucrar a la persona en algunas decisiones relacionadas con sus alimentos.
Este registro puede ayudar a encontrar patrones. Por ejemplo, quizá una persona rechace alimentos blandos, pero acepte aquellos crujientes; otra puede preferir que los alimentos estén separados y no mezclados. Conocer estas preferencias permite plantear cambios más realistas.
Introduce cambios poco a poco
Ampliar la variedad no significa retirar de repente los alimentos preferidos para obligar a comer otros. Este tipo de presión puede aumentar la ansiedad alrededor de las comidas y hacer que la experiencia sea todavía más difícil.
Una alternativa consiste en introducir pequeñas variaciones de alimentos que ya sean aceptados. Puede cambiarse gradualmente una característica, como la forma, la marca, la textura o el sabor, mientras se mantiene cierta familiaridad.
La exposición repetida también puede formar parte del proceso. Un alimento nuevo no tiene que consumirse desde el primer intento: primero puede tolerarse en el mismo espacio, después observarse, tocarse u olerse y, cuando la persona esté preparada, probar una pequeña cantidad.
El objetivo no es que acepte todos los alimentos. Lo importante es ampliar gradualmente las opciones disponibles y mantener una alimentación suficiente y variada dentro de las posibilidades de cada persona.
Haz de la comida una experiencia tranquila
Las comidas pueden generar tensión cuando existe presión para terminar un plato, probar determinados alimentos o comer una cantidad específica. Mantener un ambiente tranquilo y predecible ayuda a que la alimentación no se convierta en una fuente constante de conflicto.
También puede ser útil mantener horarios relativamente regulares y ofrecer alimentos conocidos junto con pequeñas oportunidades para explorar otros nuevos. Permitir que la persona participe en actividades como elegir entre dos opciones, lavar alimentos o ayudar a preparar una comida puede aumentar su familiaridad con ellos.
La participación debe adaptarse a la edad y a las capacidades de cada persona. No es necesario que pruebe un alimento para que su participación sea valiosa.
Busca apoyo cuando sea necesario
Cuando la alimentación es muy limitada, conviene contar con orientación profesional. Un pediatra, médico, nutricionista-dietista u otro profesional con experiencia en autismo puede valorar el crecimiento, la alimentación y las posibles deficiencias nutricionales. En algunos casos, la intervención de un terapeuta ocupacional o especialista en alimentación también puede ser útil para abordar las dificultades sensoriales o relacionadas con las comidas.
La valoración es especialmente importante cuando existe pérdida de peso, dificultades para crecer, estreñimiento persistente, atragantamientos, rechazo de grupos completos de alimentos o una disminución importante de la cantidad que se come.
La selectividad alimentaria no debe abordarse desde el castigo o la presión. Comprender qué hace difícil una comida, respetar las necesidades sensoriales y avanzar de manera gradual permite construir una relación más tranquila con los alimentos y favorecer una alimentación adecuada.