La dislexia no tiene una causa única. Las investigaciones señalan que intervienen diferentes factores relacionados con el desarrollo del cerebro y el procesamiento del lenguaje, entre ellos factores genéticos y neurobiológicos. También existen influencias ambientales que interactúan durante el desarrollo.
Esto significa que no existe una sola experiencia, hábito o situación que explique por qué una persona tiene dislexia.
Los genes tienen un papel importante
La dislexia suele presentarse con mayor frecuencia dentro de algunas familias. Tener un familiar con dificultades de lectura aumenta la probabilidad de que otro integrante las presente, aunque esto no significa que necesariamente vaya a ocurrir.
La relación con los genes es compleja. No existe un único “gen de la dislexia”; diferentes características genéticas pueden contribuir a la manera en que se desarrolla y procesa el lenguaje.
Por esta razón, conocer los antecedentes familiares puede ser útil cuando un niño empieza a mostrar dificultades persistentes con la lectura.
El cerebro procesa el lenguaje de otra manera
Las investigaciones han encontrado diferencias en la forma en que el cerebro procesa determinados aspectos del lenguaje escrito en las personas con dislexia.
Una de las áreas importantes es el procesamiento fonológico, que permite identificar y manipular los sonidos que forman las palabras. Esta habilidad participa en tareas como relacionar sonidos con letras y reconocer palabras al leer.
La dislexia no significa que el cerebro esté “dañado”. Se trata de una diferencia en la manera en que se desarrollan y funcionan determinadas habilidades relacionadas con el lenguaje y la lectura.
El entorno no causa la dislexia
La forma en que una familia enseña a leer, la cantidad de libros que haya en casa o que un niño tenga dificultades en la escuela no son causas directas de la dislexia.
El entorno educativo sí puede influir en el desarrollo de las habilidades lectoras y en la manera en que una persona enfrenta sus dificultades. Una enseñanza adecuada y apoyos oportunos facilitan el aprendizaje.
Del mismo modo, la dislexia no aparece porque un niño sea flojo, distraído o no quiera aprender. Interpretarla de esa manera puede generar frustración y afectar su confianza.
Comprender la causa evita culpas
Cuando un niño tiene dificultades persistentes para leer, buscar una explicación adecuada es más útil que atribuirlas a falta de esfuerzo. En los adultos, entender que ciertas dificultades forman parte de la dislexia también puede ayudar a reemplazar la frustración por estrategias más efectivas.
La dislexia tiene un origen complejo y no es responsabilidad de la persona ni de su familia. Lo importante es reconocer las necesidades particulares y proporcionar el apoyo que facilite el aprendizaje.