Los medicamentos son una de las principales herramientas para controlar las crisis epilépticas. Su objetivo es reducir la probabilidad de que ocurran y, cuando es posible, conseguir que desaparezcan.
Existe una amplia variedad de medicamentos antiepilépticos. No todos funcionan de la misma manera ni son adecuados para todos los tipos de crisis. Por eso, elegir el medicamento correcto requiere una valoración individual.
Encontrar el medicamento adecuado puede tomar tiempo
El profesional de la salud considera diferentes factores antes de indicar un tratamiento, como el tipo de crisis, la edad, otras condiciones de salud y los medicamentos que ya utiliza la persona.
En ocasiones se comienza con una dosis baja y se realizan ajustes progresivos. Si el medicamento no consigue controlar las crisis o produce efectos secundarios importantes, el tratamiento puede modificarse.
Esto no significa que la persona haya fracasado en su tratamiento. Encontrar la combinación que mejor funciona puede requerir varios ajustes.
Tomarlo correctamente es fundamental
Los medicamentos antiepilépticos funcionan mejor cuando se toman de manera constante. Olvidar dosis o suspender el tratamiento repentinamente puede favorecer la aparición de una crisis.
Para facilitar la rutina, algunas estrategias son:
- Tomar el medicamento a la misma hora todos los días.
- Utilizar alarmas o recordatorios.
- Mantener suficiente medicamento para evitar interrupciones.
- Llevar una lista actualizada de los medicamentos que utilizas.
- Consultar antes de incorporar medicamentos de venta libre, vitaminas o suplementos.
- Informar cualquier efecto secundario al profesional de la salud.
No es recomendable cambiar la dosis, sustituir un medicamento o suspenderlo por cuenta propia. Incluso cuando las crisis han desaparecido durante un periodo prolongado, la decisión de modificar el tratamiento debe hacerse con orientación profesional.
Los efectos secundarios también deben vigilarse
Algunos medicamentos pueden producir cansancio, mareos, cambios de peso, alteraciones del estado de ánimo u otros efectos secundarios. La intensidad depende del medicamento y de cada persona.
Si aparece un efecto nuevo después de comenzar o modificar un tratamiento, comentarlo durante la consulta permite valorar si está relacionado con el medicamento y qué hacer al respecto.
También es importante informar sobre otros tratamientos que se estén utilizando, porque algunos medicamentos pueden interactuar entre sí.
El objetivo no es tomar más medicamentos, sino encontrar el tratamiento que permita controlar las crisis con el menor impacto posible en la vida diaria.