Recibir un diagnóstico de epilepsia puede generar muchas preguntas: qué tratamiento se necesita, cuánto tiempo durará y si será posible llevar una vida cotidiana con menos preocupaciones por las crisis. La buena noticia es que existen diferentes opciones para controlar las crisis y que muchas personas con epilepsia logran reducirlas de manera importante con el tratamiento adecuado.
El tratamiento no es igual para todas las personas. Depende del tipo de crisis, su frecuencia, la causa de la epilepsia, la edad, otras condiciones de salud y la respuesta a los medicamentos.
Los medicamentos suelen ser el primer paso
Los medicamentos antiepilépticos buscan disminuir la actividad eléctrica anormal que provoca las crisis. Existen diferentes tipos y la elección depende de las características de cada persona.
En algunos casos, un solo medicamento es suficiente. En otros, es necesario ajustar la dosis o combinar más de uno para conseguir un mejor control.
Encontrar el tratamiento adecuado puede requerir tiempo. El hecho de que un medicamento no funcione como se esperaba no significa que no existan otras alternativas.
Hay otras opciones de tratamiento
Cuando las crisis continúan a pesar del tratamiento con medicamentos, el equipo médico puede valorar otras alternativas. Entre ellas se encuentran determinados procedimientos quirúrgicos, dispositivos de estimulación cerebral y, en situaciones específicas, dietas terapéuticas.
Estas opciones no son necesarias para todas las personas y requieren una valoración especializada.
El tratamiento necesita continuidad
Controlar la epilepsia no consiste únicamente en tomar un medicamento. También es importante mantener el seguimiento y comunicar cualquier cambio.
Durante el tratamiento ayuda:
- Tomar los medicamentos exactamente como fueron indicados.
- No suspenderlos ni modificar la dosis por cuenta propia.
- Registrar cuándo ocurren las crisis y cuánto duran.
- Informar sobre nuevos medicamentos, vitaminas o suplementos.
- Comunicar efectos secundarios o cambios en el estado de ánimo.
- Acudir a las consultas de seguimiento.
Llevar un registro de las crisis puede ayudar al profesional de la salud a saber si el tratamiento está funcionando y si es necesario hacer algún ajuste.
Tener epilepsia no significa vivir esperando la siguiente crisis. Con un tratamiento individualizado y seguimiento constante, muchas personas logran controlar sus crisis y continuar con sus actividades, estudios, trabajo y vida familiar.