Detectar una hepatitis no siempre es sencillo porque algunas personas no presentan síntomas. Por eso, las pruebas tienen un papel importante para saber si existe una infección, determinar de qué tipo se trata y conocer si ha producido algún daño en el hígado.
El diagnóstico comienza con una valoración que considera los síntomas, los antecedentes de salud y las posibles situaciones de exposición.
Las pruebas de sangre son fundamentales
Una prueba de hepatitis utiliza una muestra de sangre para buscar señales de infección. Dependiendo del virus, los análisis pueden ayudar a determinar si la infección está activa, si ocurrió anteriormente o si existe evidencia de contacto previo con el virus.
En algunos casos se necesitan pruebas adicionales para confirmar el diagnóstico y conocer si la infección es reciente o crónica.
También se evalúa el estado del hígado
Además de buscar directamente señales de infección, el profesional de la salud puede solicitar pruebas que permitan conocer cómo está funcionando el hígado.
Los análisis pueden incluir enzimas hepáticas y otras sustancias presentes en la sangre. Los resultados ayudan a valorar si existe inflamación o daño hepático, aunque por sí solos no siempre permiten determinar la causa.
Otros estudios dependen de cada caso
Cuando es necesario conocer el estado del hígado con mayor detalle, pueden solicitarse estudios de imagen como una ecografía, tomografía computarizada o resonancia magnética.
En situaciones específicas, también puede ser necesario realizar una biopsia del hígado para estudiar el tejido y valorar el daño.
No todas las personas necesitan todos estos estudios. La decisión depende del tipo de hepatitis sospechada, los resultados de las pruebas iniciales y las características de cada persona.
Una prueba puede detectar hepatitis aunque no haya síntomas
Esta posibilidad es importante porque algunas hepatitis, especialmente B y C, pueden permanecer sin síntomas durante mucho tiempo. Una persona puede sentirse saludable y aún así tener una infección que requiera atención.
Por eso, si existe un antecedente de exposición o el profesional de la salud considera que existe riesgo, puede recomendar realizar una prueba aunque no haya molestias.
Recibir un diagnóstico permite conocer qué está ocurriendo y tomar decisiones sobre el tratamiento y el seguimiento. Si una prueba resulta positiva, es importante continuar con la evaluación indicada para determinar qué tipo de infección existe y cómo está el hígado.