Hepatitis
Proteger tu hígado empieza con información. Descubre cómo prevenir la hepatitis y cuidar tu salud.
Hepatitis crónica
Algunas formas de hepatitis pueden mantenerse durante meses o años. Cuando la inflamación del hígado persiste, se habla de hepatitis crónica. Con el tiempo, una infección crónica no controlada puede dañar el hígado y favorecer complicaciones como fibrosis, cirrosis o cáncer de hígado.
La hepatitis B y la hepatitis C son las principales hepatitis virales que pueden volverse crónicas. Una persona puede vivir durante mucho tiempo sin notar molestias, por lo que una infección puede permanecer sin identificar.
¿Qué ocurre cuando se vuelve crónica?
El hígado tiene una gran capacidad para repararse, pero una inflamación persistente puede producir cicatrices. Este proceso se conoce como fibrosis. Cuando el daño avanza y se extiende por gran parte del órgano, puede aparecer cirrosis.
La evolución no es igual para todas las personas. Factores como el tipo de hepatitis, el estado del hígado y la presencia de otras enfermedades influyen en el riesgo de desarrollar complicaciones.
¿Cómo se puede cuidar el hígado?
Si tienes una hepatitis crónica, el seguimiento con un profesional de la salud es importante, incluso cuando te sientas bien. Entre las medidas que pueden formar parte del cuidado están:
- Acudir a las consultas y estudios indicados.
- Seguir correctamente el tratamiento prescrito.
- Evitar el consumo de alcohol, ya que puede aumentar el daño hepático.
- No tomar medicamentos, suplementos o productos herbales por cuenta propia.
- Mantener una alimentación equilibrada.
- Mantener un peso saludable.
- Consultar antes de utilizar cualquier medicamento nuevo.
El seguimiento permite vigilar la función del hígado y detectar a tiempo posibles complicaciones.
¿Puede tratarse?
Depende del tipo de hepatitis. En la hepatitis B crónica existen tratamientos que ayudan a controlar el virus y reducir el riesgo de daño hepático. La hepatitis C, en cambio, actualmente puede curarse en la mayoría de los casos mediante medicamentos antivirales.
Si tienes una hepatitis crónica, no suspendas ni modifiques el tratamiento por tu cuenta. El objetivo es reducir el daño al hígado y mantenerlo funcionando de la mejor manera posible.