Las hepatitis B y C tienen algo importante en común: ambas pueden permanecer durante años y causar daño progresivo al hígado. Sin embargo, sus formas de transmisión y las posibilidades de prevención no son exactamente iguales.
La hepatitis B cuenta con una vacuna eficaz. Para la hepatitis C no existe actualmente una vacuna, por lo que prevenir el contacto con sangre infectada es la principal medida de protección.
La hepatitis B sí puede prevenirse con vacunación
La vacunación es la principal herramienta para prevenir la hepatitis B. También es importante reducir las situaciones en las que existe contacto con sangre u otros líquidos corporales infectados.
Entre las medidas de cuidado se encuentran:
- No compartir agujas, jeringas ni otros objetos que puedan entrar en contacto con sangre.
- Asegurarse de que los procedimientos de atención médica se realicen con material seguro y adecuadamente esterilizado.
- Verificar que los establecimientos donde se realizan tatuajes o perforaciones utilicen material nuevo o correctamente esterilizado.
- Evitar compartir objetos personales que puedan tener restos de sangre, como rastrillos o cepillos de dientes.
- Seguir las recomendaciones de vacunación.
La hepatitis B también puede transmitirse de una madre con infección a su bebé durante el parto. Por eso, identificar la infección durante el embarazo permite tomar medidas para reducir el riesgo de transmisión al recién nacido.
La hepatitis C requiere otras medidas
No existe una vacuna contra la hepatitis C. Su prevención se centra principalmente en evitar el contacto con sangre infectada y garantizar que los procedimientos que impliquen agujas o instrumentos cortantes se realicen bajo condiciones seguras.
La hepatitis C no se transmite por abrazar, besar, compartir alimentos o convivir normalmente con una persona que tiene la infección.
Los temas delicados deben abordarse sin estigma
Algunas formas de transmisión de las hepatitis B y C están relacionadas con situaciones sexuales o con el uso de material para inyectarse sustancias. Hablar de ellas desde la salud permite comprender los riesgos sin juzgar a las personas.
Lo importante es identificar las situaciones en las que puede existir exposición a sangre o líquidos corporales y conocer las medidas disponibles para reducir el riesgo.
Si crees que pudiste estar expuesto al virus de la hepatitis B o C, consulta a un profesional de la salud. Una evaluación y, cuando corresponda, una prueba permiten saber si existe una infección y qué pasos seguir.