Un infarto cerebral ocurre cuando una parte del cerebro deja de recibir suficiente sangre. Esto sucede porque un vaso sanguíneo queda bloqueado, generalmente por un coágulo. Al interrumpirse el flujo sanguíneo, las células de esa zona dejan de recibir el oxígeno y los nutrientes que necesitan y comienzan a dañarse en pocos minutos.
El infarto cerebral es el tipo más común de accidente cerebrovascular (EVC). También se conoce como accidente cerebrovascular isquémico. Es diferente del EVC hemorrágico, que ocurre cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca un sangrado dentro del cerebro.
El daño depende de la zona afectada
El cerebro controla funciones diferentes en distintas regiones. Por eso, las consecuencias de un infarto cerebral dependen de la zona donde se interrumpió el flujo de sangre y de cuánto tiempo permaneció bloqueado el vaso sanguíneo.
Una persona puede presentar debilidad o pérdida de sensibilidad en un lado del cuerpo, dificultades para hablar o entender, problemas de visión, alteraciones del equilibrio o cambios en la coordinación. Algunas personas tienen dificultades para realizar actividades que antes hacían con facilidad.
La rapidez con la que se recibe atención es fundamental. Cuanto más tiempo permanece una zona del cerebro sin suficiente oxígeno, mayor es el riesgo de que el daño sea permanente.
Un coágulo puede tener distintos orígenes
El bloqueo puede producirse por un coágulo que se forma directamente en una arteria del cerebro o por uno que se origina en otra parte del cuerpo y viaja hasta el cerebro.
La acumulación de placas en las arterias, conocida como ateroesclerosis, también puede estrechar los vasos sanguíneos y favorecer la formación de coágulos. Algunas alteraciones del ritmo cardíaco, como la fibrilación auricular, pueden aumentar el riesgo de que se formen coágulos en el corazón que posteriormente lleguen al cerebro.
Cada minuto cuenta
Un infarto cerebral es una emergencia médica. Los tratamientos que ayudan a restablecer el flujo sanguíneo son más efectivos cuando se administran rápidamente y solo son adecuados para determinados casos.
Si aparecen de forma repentina señales como debilidad de un lado del cuerpo, dificultad para hablar, pérdida de equilibrio o problemas de visión, no esperes a que desaparezcan. Busca atención médica de emergencia inmediatamente.