Los eventos cerebrovasculares ocurren cuando el flujo de sangre al cerebro se interrumpe o cuando un vaso sanguíneo se rompe. Aunque suelen agruparse bajo el término EVC, existen diferentes tipos y cada uno requiere un manejo distinto.
Los dos principales son el accidente cerebrovascular isquémico y el accidente cerebrovascular hemorrágico. Existe, además, el ataque isquémico transitorio (AIT), que comparte síntomas con un infarto cerebral, pero en el que la interrupción del flujo sanguíneo es temporal.
El EVC isquémico ocurre por una obstrucción
El accidente cerebrovascular isquémico, también llamado infarto cerebral, ocurre cuando un coágulo bloquea un vaso sanguíneo que lleva sangre al cerebro.
Es el tipo más frecuente de EVC. El bloqueo impide que el oxígeno llegue a las células cerebrales y puede provocar daño permanente si el flujo no se restablece rápidamente.
El coágulo puede formarse dentro de una arteria o desplazarse desde otra parte del organismo. La ateroesclerosis y algunas enfermedades cardíacas están entre las situaciones relacionadas con este tipo de evento.
El EVC hemorrágico ocurre por sangrado
El accidente cerebrovascular hemorrágico sucede cuando un vaso sanguíneo se rompe y la sangre se acumula dentro del cerebro o alrededor de él.
El sangrado ejerce presión sobre el tejido cerebral y puede dañarlo. En algunos casos aparece un dolor de cabeza intenso y repentino, acompañado de otros síntomas neurológicos.
El tratamiento de un EVC hemorrágico es diferente al de uno isquémico. Por eso, identificar el tipo de evento mediante estudios médicos es fundamental antes de decidir cómo actuar.
El AIT es una señal de alerta
El ataque isquémico transitorio ocurre cuando un vaso sanguíneo se bloquea durante un periodo breve y el flujo se restablece antes de que exista un daño cerebral permanente.
Sus síntomas pueden desaparecer después de unos minutos, pero esto no significa que el episodio sea inofensivo. Un AIT es una señal de que existe un riesgo mayor de sufrir un EVC y requiere una valoración médica inmediata.
No es posible distinguirlos por los síntomas
Los síntomas de un EVC isquémico, hemorrágico y de un AIT pueden ser similares. Una persona puede presentar debilidad repentina, dificultad para hablar, alteraciones de la visión, mareo o problemas para caminar.
Por eso, si aparecen estos síntomas de forma repentina, no intentes determinar en casa qué tipo de EVC está ocurriendo. Busca atención médica de emergencia. El tiempo es determinante para el diagnóstico y el tratamiento.