La insuficiencia renal ocurre cuando los riñones han perdido gran parte de su capacidad para realizar sus funciones. Cuando esto sucede, el organismo tiene dificultades para eliminar los desechos y el exceso de líquido de la sangre, así como para mantener equilibradas ciertas sustancias importantes para el organismo.
La insuficiencia renal puede aparecer después de una enfermedad renal que ha avanzado durante mucho tiempo o como consecuencia de una lesión renal grave.
El cuerpo depende de la función renal
Cuando los riñones funcionan adecuadamente, eliminan productos de desecho y exceso de agua a través de la orina. También ayudan a mantener el equilibrio de minerales y participan en procesos relacionados con la presión arterial, la producción de glóbulos rojos y la salud de los huesos.
Cuando la función renal disminuye de manera importante, estas tareas dejan de realizarse adecuadamente y pueden acumularse sustancias que normalmente serían eliminadas.
La insuficiencia renal no aparece siempre de la misma manera
En algunos casos, la función de los riñones disminuye rápidamente. En otros, el daño avanza lentamente durante años hasta llegar a una etapa avanzada.
La enfermedad renal crónica puede progresar hasta provocar insuficiencia renal, especialmente cuando las causas que dañan los riñones no se controlan. La diabetes y la presión arterial alta se encuentran entre las principales causas de enfermedad renal crónica.
Los síntomas pueden aparecer cuando el daño es avanzado
A medida que disminuye la función de los riñones pueden aparecer cansancio, hinchazón en las piernas, pies o tobillos, cambios en la cantidad de orina, náuseas, pérdida de apetito, comezón, problemas para dormir o dificultades para concentrarse.
Estos síntomas no son exclusivos de la insuficiencia renal. Por eso, no es posible determinar la función de los riñones únicamente por cómo te sientes.
Existen tratamientos para reemplazar la función renal
Cuando los riñones ya no pueden realizar adecuadamente sus funciones, existen diferentes opciones para reemplazarlas. Entre ellas se encuentran la hemodiálisis, la diálisis peritoneal y el trasplante de riñón. En determinadas circunstancias también existe un manejo conservador, sin diálisis ni trasplante.
La opción depende de la situación médica, las necesidades y las preferencias de cada persona.
Recibir un diagnóstico de insuficiencia renal implica una etapa importante de adaptación, pero contar con información y seguimiento permite conocer las alternativas disponibles y participar en las decisiones sobre el cuidado.