Salud mental
Tu salud mental influye en distintas áreas de tu vida. Encuentra información para cuidarla cada día.
Bullying
El bullying o acoso escolar consiste en conductas agresivas o dañinas que se repiten y ocurren dentro de una relación en la que existe un desequilibrio de poder. Puede incluir burlas, insultos, amenazas, golpes, exclusión o difusión de rumores.
También puede presentarse a través de mensajes, redes sociales, videojuegos u otras plataformas digitales, una forma conocida como ciberacoso.
No se trata simplemente de una discusión aislada entre compañeros. La repetición de las agresiones y la dificultad que tiene la persona afectada para defenderse son características importantes del acoso. Puede ocurrir en la escuela, durante actividades deportivas, en el transporte escolar o en otros espacios donde conviven niñas, niños y adolescentes.
Sus efectos pueden extenderse más allá del momento en que ocurre. Una persona que vive bullying puede experimentar miedo, tristeza, soledad o preocupación constante. También puede afectar su autoestima, sus relaciones con otras personas y su desempeño escolar.
Reconoce las señales de alerta
Es importante prestar atención a cambios que no tengan una explicación clara, especialmente cuando aparecen de manera persistente. Algunas señales pueden ser:
- Cambios de ánimo repentinos.
- Evitar ciertas actividades, lugares o personas.
- Aislamiento social.
- Disminución del rendimiento o interés escolar.
- Miedo o preocupación constante.
- Cambios en los hábitos de sueño o alimentación.
- Pérdida frecuente de objetos o pertenencias dañadas.
- Lesiones que no tienen una explicación clara.
- Resistencia a asistir a la escuela.
Ninguna de estas señales confirma por sí sola que exista bullying. Pueden aparecer por otras situaciones, pero observar varios cambios al mismo tiempo merece una conversación tranquila y sin juicios.
Preguntar qué está ocurriendo y escuchar con atención puede facilitar que la persona se sienta segura para contar lo que vive.
Rompe el silencio con apoyo
Cuando alguien cuenta que está siendo víctima de acoso, es importante tomarlo en serio y evitar responsabilizarlo por lo ocurrido. Frases como “solo ignóralos” o “defiéndete” pueden hacer que sienta que debe resolverlo por su cuenta. Escuchar, validar lo que siente y buscar ayuda de adultos responsables son pasos más útiles.
En el caso de niñas, niños y adolescentes, madres, padres, docentes, orientadores y otros adultos de confianza pueden ayudar a establecer medidas para detener las agresiones y proteger a la persona afectada. La respuesta debe centrarse en garantizar su seguridad y evitar que la situación continúe.
El ciberacoso requiere una atención particular porque los mensajes, imágenes o publicaciones pueden difundirse rápidamente y permanecer disponibles durante mucho tiempo.
Guardar evidencias, bloquear cuentas y utilizar las herramientas de denuncia de las plataformas puede formar parte de la respuesta, junto con informar a un adulto de confianza cuando se trata de menores.
También es importante recordar que pedir ayuda no es una señal de debilidad. El acoso puede afectar la salud mental y, cuando genera miedo intenso, tristeza persistente, aislamiento o pensamientos de hacerse daño, requiere atención profesional y apoyo inmediato.
Crear espacios donde las personas puedan hablar sin miedo a ser juzgadas facilita la detección del bullying. Escuchar, actuar oportunamente y mantener el acompañamiento ayuda a recuperar la sensación de seguridad y favorecer un entorno de convivencia más saludable.