Las cataratas aparecen cuando el cristalino, una estructura transparente ubicada dentro del ojo, pierde su claridad y se vuelve opaco. Como el cristalino ayuda a enfocar la luz sobre la retina, su opacidad puede hacer que la visión se vuelva progresivamente borrosa.
El envejecimiento es el principal factor relacionado con las cataratas, aunque existen otras circunstancias que pueden favorecer su aparición, como determinadas enfermedades, lesiones oculares, algunos medicamentos y antecedentes familiares.
¿Cómo puedes notar una catarata?
Los cambios suelen desarrollarse poco a poco y pueden incluir:
- Visión borrosa o nublada.
- Mayor dificultad para ver de noche.
- Molestia o deslumbramiento ante luces intensas.
- Aparición de halos alrededor de las luces.
- Colores que parecen menos brillantes.
- Necesidad de cambiar con frecuencia la graduación de los anteojos.
- Dificultad para realizar actividades que requieren buena visión, como leer o conducir.
Al principio, una catarata puede no interferir demasiado con las actividades cotidianas. Conforme avanza, la disminución de la visión puede hacerse más evidente.
¿Cómo se trata una catarata?
Cuando la catarata comienza a afectar de manera importante las actividades diarias, el tratamiento habitual es una cirugía en la que se retira el cristalino opaco y se coloca una lente intraocular. La decisión de realizarla depende de cuánto afecta la catarata a la vida de la persona y de la valoración del especialista.
No existe un tratamiento con gotas o medicamentos que elimine una catarata ya formada. Por eso, las revisiones ayudan a vigilar su evolución y determinar cuándo es conveniente intervenir.
Una catarata no significa que necesariamente perderás la visión. Cuando está indicada, la cirugía es una opción que puede mejorar considerablemente la capacidad para ver.