El glaucoma es un grupo de enfermedades que puede dañar el nervio óptico, encargado de transmitir la información visual desde el ojo hasta el cerebro. El daño puede provocar una pérdida progresiva de la visión y, si no se detecta y trata, llegar a ser permanente.
Uno de los aspectos más importantes del glaucoma es que algunas de sus formas pueden avanzar durante años sin producir síntomas evidentes. Por eso, una persona puede sentirse bien y no notar que su visión está cambiando.
¿Qué factores pueden aumentar el riesgo?
El riesgo aumenta con la edad y puede ser mayor cuando existen antecedentes familiares. También se relaciona con determinadas características del ojo y con algunas condiciones de salud.
La presión dentro del ojo es un factor importante, pero tener una presión ocular elevada no significa automáticamente que una persona tenga glaucoma. Algunas personas pueden desarrollar daño del nervio óptico con valores de presión que no están elevados.
¿Cómo se detecta?
Una valoración completa puede incluir diferentes pruebas para observar el nervio óptico, medir la presión ocular y evaluar el campo visual. El especialista determina qué estudios son necesarios según las características y los factores de riesgo de cada persona.
¿El glaucoma tiene tratamiento?
El tratamiento busca disminuir o controlar el daño y conservar la visión que la persona mantiene. Según el tipo y la evolución, pueden utilizarse gotas, medicamentos, procedimientos con láser o cirugía.
La visión que se pierde por el daño del nervio óptico generalmente no puede recuperarse, por lo que la detección oportuna y el seguimiento son especialmente importantes.
Si tienes antecedentes familiares de glaucoma, eres mayor de 40 años o tienes otros factores de riesgo, consulta con un especialista para saber cuándo necesitas una evaluación.