Cada persona con autismo aprende de manera diferente. Algunas necesitan instrucciones más concretas, otras requieren más tiempo para responder y otras aprenden mejor cuando una actividad se divide en pasos pequeños. Adaptar la forma de enseñar permite aprovechar sus fortalezas y facilitar su participación en casa, la escuela y otros espacios.
El acompañamiento también implica entender qué hay detrás de una conducta que genera preocupación, en lugar de limitarse a intentar eliminarla.
Divide las tareas en pasos pequeños
Una habilidad nueva puede resultar más sencilla cuando se enseña de manera gradual. En lugar de pedir que una persona complete toda una actividad, se puede comenzar por una parte y avanzar conforme adquiera seguridad.
Esto resulta útil para tareas como:
- Lavarse las manos.
- Vestirse.
- Guardar juguetes.
- Preparar una mochila.
- Seguir instrucciones durante una actividad escolar.
Las demostraciones, imágenes y apoyos visuales pueden complementar las instrucciones verbales.
Enseña en situaciones cotidianas
Las actividades de todos los días ofrecen oportunidades para practicar habilidades. Preparar alimentos, ordenar objetos, jugar o realizar tareas domésticas permite trabajar comunicación, atención, autonomía y participación.
La OMS recomienda utilizar actividades del hogar y rutinas como oportunidades para favorecer la interacción, el aprendizaje y las habilidades para la vida diaria.
Es importante reconocer los avances, incluso cuando sean pequeños. Una respuesta positiva y específica ayuda a que la persona identifique qué conducta o habilidad se está reforzando.
Comprende antes de corregir
Una conducta que parece difícil puede estar relacionada con una necesidad que la persona no logra expresar de otra manera. Hambre, cansancio, dolor, sobrecarga sensorial, dificultad para comunicar algo o un cambio inesperado son algunas situaciones que conviene considerar.
Observar qué ocurrió antes y qué sucede después ayuda a identificar patrones. Esta información resulta especialmente útil cuando una conducta se repite en determinadas circunstancias.
No se recomienda castigar, avergonzar o utilizar métodos que provoquen miedo o dolor. Cuando existen conductas que interfieren de manera importante con la vida cotidiana o representan un riesgo, es conveniente buscar orientación profesional.
Coordina los apoyos entre entornos
Cuando participan familia, escuela y profesionales, compartir estrategias facilita que la persona encuentre formas similares de comunicación y aprendizaje en distintos espacios.
Los objetivos deben ser realistas y centrarse en habilidades útiles para su bienestar, autonomía y participación, no únicamente en conseguir que se comporte como los demás.
Elige una habilidad concreta para practicar, divídela en pasos alcanzables y reconoce sus avances. Si una conducta genera preocupación, busca primero qué necesidad podría estar expresando antes de intentar corregirla.