Las personas con epilepsia pueden notar que determinadas situaciones aumentan la posibilidad de presentar una crisis. Estos factores se conocen como desencadenantes.
Es importante diferenciarlos de las causas de la epilepsia. Un desencadenante no origina la condición; puede favorecer que ocurra una crisis en una persona que ya tiene epilepsia. Además, no todas las personas tienen los mismos desencadenantes.
El sueño tiene un papel importante
Dormir poco o alterar constantemente los horarios de descanso es uno de los factores que pueden facilitar la aparición de crisis en algunas personas.
Mantener horarios de sueño regulares y procurar un descanso suficiente forma parte del cuidado cotidiano. Si notas que las crisis aparecen después de varias noches de mal descanso, conviene registrarlo y comentarlo durante la consulta.
Otros factores pueden influir
Entre los desencadenantes que se han identificado se encuentran:
- Falta de sueño.
- Estrés.
- Omisión de dosis de medicamentos.
- Consumo de alcohol.
- Deshidratación.
- Saltarse comidas.
- Algunas enfermedades o infecciones.
- Cambios hormonales relacionados con el ciclo menstrual en algunas personas.
- Luces parpadeantes en personas sensibles a este estímulo.
No significa que todos estos factores provoquen crisis en todas las personas. De hecho, algunas personas nunca identifican un desencadenante específico.
Conocer tus propios patrones ayuda
Llevar un registro puede ser útil para descubrir si existe alguna relación entre determinadas situaciones y las crisis. Puedes anotar:
- Fecha y hora de la crisis.
- Horas de sueño de los días anteriores.
- Si se omitió alguna dosis.
- Situaciones de estrés importantes.
- Consumo de alcohol.
- Enfermedades recientes.
- Cambios hormonales, cuando sea relevante.
- Qué ocurrió antes de la crisis.
Con el tiempo, esta información puede mostrar patrones que no eran evidentes.
No vivas con miedo a cada actividad
Identificar desencadenantes no significa evitar todo aquello que haces habitualmente. El objetivo es conocer qué situaciones parecen aumentar tu riesgo y buscar formas razonables de reducirlas.
Si las crisis cambian de frecuencia o aparecen en circunstancias nuevas, informa al profesional de la salud. Una modificación en el patrón de las crisis merece ser evaluada, especialmente si ocurre pese a seguir el tratamiento indicado.