La hepatitis no siempre produce síntomas. Algunas personas, especialmente durante las primeras etapas de determinadas infecciones, pueden sentirse bien y desconocer que tienen una inflamación o infección en el hígado. Cuando aparecen manifestaciones, pueden ser similares entre distintos tipos de hepatitis.
La intensidad de los síntomas tampoco indica necesariamente cuánto daño existe en el hígado. Una persona puede presentar pocas molestias y tener una infección que requiera atención.
Las molestias pueden ser generales
Al principio, algunas personas presentan síntomas que fácilmente pueden confundirse con otros problemas de salud. Entre ellos se encuentran:
- Cansancio.
- Fiebre.
- Falta de apetito.
- Náuseas o vómitos.
- Dolor o molestias abdominales.
- Dolor en las articulaciones.
- Sensación general de malestar.
En algunas infecciones, estas manifestaciones aparecen antes de los signos más característicos relacionados con el hígado.
La piel y los ojos pueden cambiar
Uno de los signos más conocidos de la hepatitis es la ictericia, que provoca una coloración amarillenta en la piel y en la parte blanca de los ojos.
También pueden aparecer cambios en la orina y las evacuaciones. La orina puede adquirir un tono más oscuro, mientras que las heces pueden verse más pálidas de lo habitual.
La picazón también puede presentarse en algunas personas con enfermedad hepática.
La ausencia de síntomas no descarta hepatitis
Este punto es especialmente importante en las hepatitis B y C. Algunas personas permanecen sin síntomas durante años y descubren la infección mediante una prueba de sangre o durante una evaluación por otro motivo.
Por eso, sentirse bien no siempre significa que el hígado esté libre de una infección. Las pruebas tienen un papel importante cuando existen antecedentes o situaciones que aumentan la posibilidad de exposición.
Los síntomas pueden cambiar con el tiempo
La hepatitis aguda puede comenzar de forma relativamente repentina y mejorar después de un periodo. En cambio, algunas infecciones pueden mantenerse durante años y producir daño hepático progresivo sin generar molestias evidentes.
Si aparecen coloración amarillenta de la piel o los ojos, orina oscura, dolor abdominal persistente, vómitos importantes u otros cambios que hagan sospechar un problema del hígado, es importante consultar a un profesional de la salud.
Reconocer estos signos no permite saber por sí solo qué tipo de hepatitis existe. Para determinar la causa se necesitan antecedentes, valoración clínica y, cuando corresponde, pruebas de laboratorio.