Dislexia
Cada persona aprende de manera diferente. Encuentra información para comprender la dislexia y acompañar el aprendizaje.
Dislexia y TDAH
La dislexia y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) son condiciones diferentes, pero pueden presentarse en una misma persona. Cuando esto ocurre, algunas dificultades relacionadas con la lectura, la escritura, la atención o la organización pueden hacerse más evidentes en la escuela o en otras actividades cotidianas.
Tener dificultades para concentrarse no significa necesariamente que exista TDAH, de la misma manera que presentar problemas para leer no confirma por sí solo la presencia de dislexia. Cada condición requiere una valoración adecuada.
¿Cómo pueden coincidir?
La dislexia se relaciona principalmente con la adquisición y el manejo de habilidades como la lectura y la escritura. El TDAH se caracteriza por dificultades persistentes de atención y puede incluir hiperactividad e impulsividad.
Cuando ambas condiciones están presentes, una persona puede tener problemas para mantenerse concentrada mientras lee, terminar tareas escritas, seguir instrucciones o administrar el tiempo. Esto puede generar frustración, especialmente cuando el esfuerzo que realiza no se refleja en sus resultados.
¿Cómo se pueden diferenciar?
Es importante observar qué tipo de dificultad aparece y en qué situaciones.
- Los problemas para decodificar palabras, reconocerlas con rapidez o relacionar sonidos y letras pueden relacionarse con la dislexia.
- Las dificultades para mantener la atención, organizar actividades o controlar impulsos pueden relacionarse con el TDAH.
- Algunas dificultades pueden aparecer en ambas condiciones, por lo que es necesario valorar cada caso de manera individual.
El apoyo debe ser personalizado
No existe una estrategia única para una persona con dislexia y TDAH. El apoyo puede incluir herramientas para facilitar la lectura y la escritura, instrucciones más claras, organización de las tareas, pausas durante el estudio y ajustes en el entorno escolar.
Cuando existen dificultades persistentes de aprendizaje o atención, es recomendable buscar una evaluación profesional. Identificar qué está ocurriendo permite elegir estrategias adecuadas y evitar que la persona sea etiquetada como distraída, floja o poco capaz.