Infarto cerebral
Coágulos
Un coágulo puede bloquear el flujo de sangre hacia una parte del cerebro y provocar un infarto cerebral isquémico. Cuando la sangre deja de llegar, las células cerebrales comienzan a dañarse y la atención médica debe iniciarse lo antes posible.
¿Cómo puede formarse?
Un coágulo puede originarse en una arteria del cerebro o formarse en otra parte del cuerpo y viajar hasta una arteria cerebral. Esto último puede ocurrir, por ejemplo, cuando existen determinados problemas del ritmo del corazón.
La acumulación de placas de grasa en las arterias puede favorecer la formación de coágulos. Por eso, controlar la presión arterial, el colesterol y otros factores cardiovasculares ayuda a disminuir el riesgo.
¿Cómo reconocer un posible infarto?
Un infarto cerebral suele aparecer de manera repentina. Algunas señales importantes son:
- Un lado de la cara se cae o se ve diferente.
- Un brazo o una pierna pierde fuerza o sensibilidad.
- La persona tiene dificultad para hablar o entender.
- Presenta problemas repentinos para caminar o mantener el equilibrio.
- Aparece una alteración repentina de la visión.
- Se presenta un dolor de cabeza intenso y repentino, especialmente si es diferente a lo habitual.
Una forma sencilla de recordar algunas señales es pensar en cara, brazos y habla: si una parte de la cara está caída, un brazo pierde fuerza o el habla cambia de manera repentina, hay que actuar rápidamente.
El tiempo importa
Ante la sospecha de un infarto cerebral, llama inmediatamente a los servicios de emergencia. No esperes a que las señales desaparezcan ni lleves a la persona por tus propios medios si existe la posibilidad de solicitar una ambulancia.
Algunos tratamientos funcionan mejor cuando se administran dentro de las primeras horas. Registrar la hora en que comenzaron las señales puede ser de gran utilidad para el equipo médico.
Un coágulo puede obstruir una arteria en poco tiempo. Reconocer las señales y actuar con rapidez puede reducir el daño cerebral y las posibles secuelas.