Un infarto cerebral ocurre cuando se interrumpe el flujo de sangre hacia una parte del cerebro. Aunque algunos factores de riesgo no pueden modificarse, muchos están relacionados con la salud cardiovascular y los hábitos cotidianos. Conocerlos permite identificar qué aspectos conviene vigilar y atender.
Algunos factores no dependen de tus hábitos
La edad es uno de los principales factores de riesgo. La probabilidad de sufrir un EVC aumenta conforme pasan los años, aunque puede ocurrir a cualquier edad. Los antecedentes familiares y haber tenido anteriormente un infarto cerebral o un ataque isquémico transitorio también aumentan el riesgo.
Existen otros factores relacionados con enfermedades que requieren seguimiento, como la hipertensión arterial, la diabetes, el colesterol elevado y algunas enfermedades del corazón.
La presión arterial tiene un papel central
La hipertensión es uno de los factores de riesgo más importantes para el infarto cerebral. Cuando permanece elevada durante mucho tiempo, ejerce una presión excesiva sobre las paredes de los vasos sanguíneos y favorece cambios que aumentan el riesgo de un EVC.
Medir la presión con regularidad permite saber si se encuentra dentro del rango recomendado y facilita actuar cuando está elevada.
El corazón y los vasos sanguíneos también importan
Algunas enfermedades cardíacas, como la fibrilación auricular, favorecen la formación de coágulos que pueden desplazarse hasta el cerebro y bloquear una arteria.
El colesterol elevado, por su parte, favorece la acumulación de placas en las arterias. Estas placas pueden estrechar los vasos sanguíneos y contribuir a la formación de coágulos.
Hay factores que sí puedes modificar
Entre los factores de riesgo que pueden abordarse se encuentran:
- Fumar.
- Tener presión arterial elevada sin controlar.
- Tener diabetes sin un control adecuado.
- Presentar colesterol elevado.
- Mantener un nivel bajo de actividad física.
- Tener sobrepeso u obesidad.
- Consumir alcohol en exceso.
No es necesario intentar cambiar todo al mismo tiempo. Identificar los factores que están presentes y trabajar en ellos con orientación adecuada permite avanzar de manera más segura.
Conocer tu riesgo ayuda a prevenir
No todas las personas tienen las mismas probabilidades de sufrir un EVC. Si tienes varios factores de riesgo, consulta a un profesional de la salud para conocer cuáles requieren mayor atención y qué medidas son adecuadas para ti.