Salud visual
Ojo seco
El ojo seco aparece cuando los ojos no producen suficientes lágrimas o cuando las lágrimas se evaporan demasiado rápido. Esto puede provocar molestias, irritación y cambios temporales en la visión.
Pasar muchas horas frente a pantallas, permanecer en ambientes con aire acondicionado o calefacción y utilizar lentes de contacto son algunos factores que pueden favorecer los síntomas.
No son solo ojos llorosos
Aunque parezca contradictorio, una persona con ojo seco puede tener lagrimeo excesivo. Cuando la superficie del ojo se irrita, el organismo puede producir lágrimas de manera repentina, pero estas no siempre tienen la composición necesaria para mantener el ojo bien lubricado.
Entre las molestias más frecuentes están:
- Ardor o sensación de quemazón.
- Comezón.
- Sensación de tener arena dentro del ojo.
- Enrojecimiento.
- Sensibilidad a la luz.
- Visión borrosa que aparece y desaparece.
- Lagrimeo excesivo.
- Cansancio ocular.
Las pantallas pueden influir
Cuando miramos una pantalla durante mucho tiempo, solemos parpadear con menor frecuencia. Esto puede favorecer que la película lagrimal se evapore y aparezcan molestias.
Para reducirlas puedes:
- Hacer pausas durante el uso prolongado de pantallas.
- Parpadear conscientemente con mayor frecuencia.
- Evitar que el aire acondicionado o ventilador apunte directamente a los ojos.
- Mantener una distancia adecuada de las pantallas.
- Utilizar humidificadores cuando el ambiente sea muy seco.
No todas las gotas son iguales
Las lágrimas artificiales pueden ayudar a aliviar determinados casos de ojo seco, pero no todas son adecuadas para todas las personas.
Utilizar gotas para “quitar lo rojo” de manera frecuente no soluciona necesariamente el problema y puede generar otros efectos.
Si necesitas gotas constantemente para controlar las molestias, es conveniente determinar qué está provocando el ojo seco.
Cuando el problema persiste
El ojo seco puede relacionarse con cambios hormonales, algunos medicamentos, enfermedades que afectan las glándulas que producen lágrimas o determinadas condiciones de la superficie ocular.
Si los síntomas son frecuentes, interfieren con tus actividades o se acompañan de dolor, sensibilidad importante a la luz o cambios persistentes en la visión, consulta con un profesional de la salud.