Moverte con regularidad beneficia mucho más que tus músculos. La actividad física ayuda a cuidar el corazón, favorece el control de la glucosa y la presión arterial y puede contribuir a mantener niveles saludables de colesterol y triglicéridos.
Estos beneficios son especialmente importantes en el síndrome cardiovascular renal metabólico (CKM), porque ayudan a reducir varios factores que pueden afectar al metabolismo, el corazón y los riñones.
¿Cómo beneficia a tu organismo?
Cuando realizas actividad física, tus músculos utilizan más energía y glucosa. Además, con la práctica regular, el organismo puede responder mejor a la insulina, la hormona que permite que la glucosa entre a las células para utilizarse como energía.
Mantenerte activo también puede ayudar a:
- Controlar la presión arterial.
- Mejorar los niveles de colesterol y triglicéridos.
- Mantener un peso saludable.
- Reducir la acumulación excesiva de grasa corporal.
- Fortalecer el corazón y mejorar la circulación.
- Conservar la fuerza, movilidad y capacidad para realizar actividades cotidianas.
Estos efectos pueden beneficiar diferentes componentes del síndrome CKM al mismo tiempo.
¿Cuánta actividad necesitas?
Para la mayoría de los adultos, se recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física aeróbica de intensidad moderada, como caminar a paso rápido, andar en bicicleta o nadar.
Otra opción es realizar 75 minutos de actividad de mayor intensidad o combinar ambas. También se recomienda incorporar ejercicios para fortalecer los músculos al menos dos días por semana.
No necesitas realizar todo el ejercicio de una sola vez. Puedes distribuir el movimiento durante la semana y comenzar con periodos más cortos si actualmente realizas poca actividad.
Lo importante es aumentar el movimiento de manera progresiva y encontrar actividades que puedas mantener en tu rutina.
Menos tiempo sentado también cuenta
Hacer ejercicio es importante, pero también conviene reducir los periodos prolongados de sedentarismo.
Si estudias o trabajas durante varias horas frente a una computadora, levantarte, caminar o realizar pequeños periodos de movimiento a lo largo del día puede ayudarte a pasar menos tiempo sentado.
Estas acciones no sustituyen completamente la actividad física regular, pero pueden complementar una rutina más activa.
¿Y si ya tienes un diagnóstico?
La actividad física puede formar parte del cuidado de personas con obesidad, diabetes tipo 2, presión arterial alta, enfermedad cardiovascular o enfermedad renal. Sin embargo, el tipo y la intensidad del ejercicio deben adaptarse a cada persona.
Si tienes una enfermedad cardiovascular o renal, alguna complicación relacionada con diabetes, limitaciones de movilidad o llevas mucho tiempo sin realizar ejercicio, consulta con un profesional de la salud antes de aumentar considerablemente la intensidad de tu actividad.
El objetivo no es hacer ejercicio al máximo, sino encontrar una forma de movimiento segura y constante que contribuya al cuidado de tu salud.
Dentro del síndrome CKM, mantenerte activo tiene una ventaja importante: una misma acción puede beneficiar diferentes aspectos de la salud cardiovascular, renal y metabólica.